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Música > La música
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Posted: Oct.05.2006 @ 6:17 pm | Lasted edited: Sep.24.2008 @ 7:10 pm

La música


Han leído mis artículos ¿verdad?, prometo poner uno por mes. Estoy escribiendo uno que espero terminar pronto. Espero que hayan visto mis pinturas en la sección Fotos; la pintura está en suspenso hasta nuevo aviso, por ahora estoy haciendo música. Estoy preparando un segundo disco (que ahora les dicen CD).


Cubierta de mi primer disco, Varita Mágica

Si no han escuchado nada de mi música, los invito a entrar mi sitio en  CDBaby , ahí pueden escuchar mis canciones y comprar el disco. Si están están un poco misios y solamente pueden comprar una canción, vayan a  iTunes y ahí la podrán bajar por 99 centavos, y si quieren MP3s de mis canciones que se puedan tocar en cualquier tocadiscos, los pueden bajar en EMusic. Pasen la voz, hasta pronto. 

Ferna.

Artículos > La magia de Rosseau
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Posted: Sep.06.2006 @ 8:14 pm | Lasted edited: Jun.17.2010 @ 5:51 pm

La magia de Russeau
 

Cuando mis hijos eran chicos, allá en la Lima de los ochenta, yo andaba muy involucrado en el arte; pintaba, dibujaba, hacía escultura, y algunos experimentos en el campo de la integración de las artes. Fue en esa época que --además de la admiración que la obra de Henri Russeau suscitaba en mí, y cuyas razones mencionaré luego—me valía de sus pinturas para contarles cuentos a mis hijos. Inventaba historias a partir de las imágenes de cuadros tales como: “La encantadora de serpientes”, “Gitana durmiendo”, o “La cacería del tigre” entre otros, y los niños parecían disfrutar mucho. Para esto usaba las reproducciones que circulaban en aquellos años en forma de fascículos de la colección Maestros de la Pintura, publicada por la editorial Noguer de Barcelona; colección que posteriormente empasté y le di forma de libro, llegando a compilar 4 volúmenes.

La fascinación que Russeau evocaba en mí, se debía a la combinación de ingenuidad, simpleza, poesía visual y enigma que reside en su obra. Características que posiblemente realzaban las historias que solía improvisar para mis pequeños, y que ellos, a través de sus sentidos e imaginación infantiles, captaban y gozaban con la magia interna propia de su edad.


Gitana durmiendo, 1897
Oleo sobre lienzo
(129.5 x 200.7 cm)
 Museo de Arte Moderno, New York

El vínculo que me une con Russeau, se consolidó en 1980, después de haber dejado la Escuela de Arte de la Universidad Católica. En ese entonces, al carecer yo de maestros de carne y hueso, tuve que recurrir a los incorpóreos. Así, para continuar con mi aprendizaje, empecé a copiar a artistas que gozaban de mi admiración, entre ellos “El Aduanero”. Copié un par de sus cuadros y posteriormente usé otra de sus imágenes, “Los jugadores de pelota”, como idea para componer uno de mis cuadros: “Balial”.

Recientemente, grande ha sido mi alegría al tener a la mano la oportunidad de contemplar los originales de las obras, que años atrás me contentaba con ver en ilustraciones. Esto ha podido ser realidad gracias a la exposición “Las selvas de Russeau” que la National Gallery of Art de Washington DC está presentando hasta el 15 de octubre. Esto de ver un original después de estar habituado a las reproducciones, es un evento largamente acariciado por cualquier amante de la plástica. El momento culminante es como el que experimenta aquel enamorado al ver por primera vez a su prometida, a quien solamente conocía por fotografía.

Uno de los aspectos más saltantes que he podido observar en ésta y en otras muestras en los últimos años en la Galería, es, además de la pulcra disposición física de los cuadros, la presentación del contexto socio, político, cultural e histórico que rodeaba tanto al artista como su obra. Este aspecto es fundamental, no solamente para entender los condicionamientos que indujeron al artista a producir su trabajo, sino también porque al recrear dichas condiciones externas, el espectador se sitúa virtualmente en el ambiente en el cual el creador y su obra tuvieron lugar. Esto se logra con creces en esta exposición. En ella se puede apreciar una amplia selección de material documental que incluye revistas y tabloides ilustrados, fotografías y souvenirs del zoológico y jardín botánico de París, esculturas monumentales en bronce de hombres y bestias en lucha, fotografías de las exposiciones coloniales y Ferias Mundiales que tuvieron lugar en París en las últimas décadas del siglo XIX, y taxidermia de la colección de Museo Nacional de Historia Natural de París. Todo este material y escenografía determinaron e influyeron de manera directa en la concepción y método de trabajo del artista. La galería además proyecta de manera continua un filme documental en el que se muestran aspectos de la vida de Russeau; los ambientes parisienses, parques, jardines, ferias; y en fin, todo aquello que en sus días contribuyó a inflamar la imaginación del artista para que produjera su obra.

Algunos aspectos en la vida del maestro (1844-1910) que, arbitrariamente, quisiera resaltar son los siguientes: Vivió en París casi toda su vida y nunca salió de Francia, trabajó como oficinista de aduanas en las cercanías de la ciudad; se jubiló a la edad de 49 años para dedicarse exclusivamente a la pintura. Fue un autodidacta con muchas ambiciones, aspiraba ser miembro de la conservadora Academia Francesa, pero su manejo primario del dibujo y perspectiva provocó críticas adversas de los entendidos de la época. A pesar de su poca educación y refinamiento, Russeau fue un profundo conocedor de la cultura popular de su tiempo, y supo integrar las ilustraciones de revistas, historietas, postales y fotografías de una manera dramática y lírica dentro de su pintura. En las postrimerías de su vida, recibió el espaldarazo de la generación joven de vanguardia, entre los que se contaban Pablo Picasso y el poeta Guillaume Apollinaire. Este grupo de jóvenes artistas vio posibilidades nuevas para la liberación definitiva del arte de los cánones tradicionales. Esta pre-visión se cumplió en 1911, al año de la muerte del artista, cuando el Salón de los Independientes celebró los logros de Russeau con una exposición de más de 40 de sus pinturas.

Y ahora en Washington tenemos la ocasión de asistir a la mayor retrospectiva del artista organizada en los Estados Unido en los últimos 20 años. Dicho todo esto, no he visto a muchos hispanos circulando por ahí; sustituya un domingo de fútbol y cerveza por uno de arte, y lleve a la familia por supuesto. No se arrepentirá; vaya a ver la muestra.

En la actualidad, ya no les cuento más historias a mis hijos basadas en los cuadros de Russeau, pero las sigo imaginando en mi mente cada vez que me veo expuesto al misterio de su obra.


Setiembre 5, 2006

 

Artículos > Inmigración y terrorismo: harinas de diferente costal
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Posted: Aug.26.2006 @ 4:02 pm | Lasted edited: Nov.11.2010 @ 10:48 am

Inmigración y terrorismo: harinas de diferente costal

 

De un tiempo a esta parte, específicamente a partir del 11 de setiembre, parece que todo vale, que el fin justifica los medios. A partir de los lamentables sucesos acaecidos esa fecha, se ha venido poniendo en el mismo saco dos cuestiones de muy distinta naturaleza: inmigración y terrorismo. Desde esa fecha en adelante, la administración republicana y los medios de comunicación han emprendido la tarea de vincular estas dos palabras y, por ende, los dos conceptos. Y lo han hecho con una persistencia y constancia tal, que han contribuido a crear en la opinión pública un sentimiento anti-inmigrante en la sociedad americana y una aceptación casi tácita de una supuesta íntima relación entre estos dos conceptos—o en todo caso que existe un vínculo natural entre ambos. Migración y terrorismo son dos conceptos que poco o nada tienen que ver entre sí por su naturaleza intrínseca. No se trata de categorías conectas por definición, sino únicamente por cuestiones circunstanciales y hechos anecdóticos.

Veamos, la migración es el movimiento o traslado de personas desde su lugar de origen a otro con la finalidad de establecerse y mejorar sus condiciones de vida y la de los suyos. Es pues una actividad humana que se ha dado desde que el hombre puebla la tierra, y tiene el propósito de construir y desarrollar una vida nueva. La migración es una actividad pacífica basada en el optimismo y en la esperanza por un futuro mejor.

En cambio el terrorismo es una forma de hacer política por medios violentos. Está cimentada en la desesperanza y la desesperación, en una visión pesimista de la realidad. Su objetivo es la destrucción física y moral de lo existente con la finalidad de llevar a cabo su agenda. El terrorismo es la guerra de los que no están el poder, es la violencia de los que no cuentan con las leyes para hacer de la violencia algo legal. Los objetivos del terrorismo son políticos.

Los comandos terroristas que ejecutaron los deplorables actos del 11 de setiembre, no eran inmigrantes, eran terroristas. Ellos no vinieron al país a trabajar o a construir un futuro para sus familias, ellos vinieron a  conspirar y a destruir. Si bien es cierto que entraron al país a través de los puestos aduaneros y pasaron los controles oficiales migratorios mostrando sus pasaportes y visas, eso no les otorgó el estatus de inmigrantes. De la misma manera que los turistas que vienen por una semana a Disneyworld, pasan por todos los controles de inmigración, esto no los convierte en inmigrantes. Un inmigrante viene a quedarse, a fundar, a trabajar, y a hacer su vida aquí, no a destruir. Por eso no hay razón vinculante entre inmigración y terrorismo. Esta es una cuestión fundamental que debemos entender, ningún inmigrante tiene que ser automáticamente considerado sospechoso de ser terrorista.

Inmigración y terrorismo son categorías completamente diferentes, son harina de diferente costal. Sin embargo, tanto el gobierno y los políticos, como los medios de comunicación en su búsqueda de culpables a la crisis de relaciones internacionales–una de cuyas consecuencias es precisamente el terrorismo—han optado por el facilismo de encontrar una fórmula simple que explique tal crisis y han unido los dos conceptos en una sola batea. Así, a través de los medios de comunicación, se ha venido machacando en la opinión pública la idea que la inmigración acarrea terrorismo, de esta manera se ha exacerbado una posición hostil hacia los inmigrantes. Los políticos de turno a fuerza de asociar estos dos conceptos nos han acostumbrado a relacionar inmigración y terrorismo hasta un grado tal en que el ciudadano común acepta como una verdad incuestionable la relación entre ambos. Pero, si nos atrevemos a analizar y a ponderar adecuadamente los hechos, concluiremos que estas categorías son diferentes y merecen ser consideradas independientemente, en otras palabras no existe una relación causa-efecto entre ellas.

Permítanme citar el caso de Tim McVeight y Terry Nichols para ilustrar la diferencia en el tratamiento sico-social del terrorismo. Ellos, como recordamos, volaron el edificio Murrah del gobierno federal en Oklahoma City en 1995 utilizando un camión cargado con 5000 libras de explosivos. Como consecuencia del atentado murieron 168 personas—incluidos 19 niños. Los terroristas, eran ambos estadounidenses de raza blanca, de clase media y residentes de típicos poblados norteamericanos. Los dos egresaron del sistema de escuelas públicas, posteriormente abandonaron la universidad y prestaron servicio por un tiempo en el ejército. McVeigh era católico. Si no mencionáramos la palabra terrorista, creeríamos estar describiendo a un par de típicos estadounidenses. A pocos se les ocurriría decir que todo estadounidense medio es un potencial terrorista. Es más, posteriormente al atentado perpetrado por estos dos individuos, tanto las agencias del gobierno como los políticos y medios de comunicación, no desarrollaron una campaña para crear la imagen de que todo o cualquier estadounidense es un terrorista en potencia.

Sin embargo y por el contrario, en el caso del atentado del 11 de setiembre, el enfoque y el tratamiento de esta compleja y delicada situación social ha sido diferente. La causa de esta diferencia es obvia, en este caso se trata de extranjeros, de raza “mediterránea”, musulmanes, características que corresponden al antípoda del estadounidense promedio. Esta vez los que ejecutan la misión de destruir y cometen un atentado feroz no son los McVeigh y Nichols, sino personas de rasgos y color diferentes, hablan otro idioma, profesan otra religión. Entonces se recurre al reduccionismo y se colige que todo extranjero—especialmente si no es de raza blanca—es sospechoso de terrorismo. Se asocian los conceptos de extranjero e inmigrante con el de terrorista, y en medio de una paranoia impresionante, y con el argumento de estar trabajando por la seguridad ciudadana, se desata una cacería de brujas contra todo aquel que se aleje un poco del patrón característico que define al estadounidense. ¿No hay acaso un componente de racismo en todo este enfoque?

La tarea de convertir al inmigrante en chivo expiatorio ha sido tan obstinada y calculada en los últimos años que ahora los proyectos de ley sobre migración, terrorismo y seguridad ciudadana se ventilan en el Congreso en un mismo paquete, como si fueran harina del mismo costal. Los expedientes de inmigración se procesan en el Departamento de Seguridad Nacional, como si todos los inmigrantes fuéramos presuntos culpables de algún delito contra la seguridad ciudadana. El asunto de la inmigración es tan importante desde el punto de vista económico, social, y político, y afecta el quehacer nacional a diario y en todo orden de cosas, que merece la máxima atención del gobierno y de la sociedad. Para estar a tono con ese grado de importancia y necesidad social, sería apropiada la creación de un Departamento de Asuntos Migratorios o de una dependencia—eficaz y eficiente—del más alto nivel.

Tratar de resolver el problema del terrorismo mundial poniendo barreras migratorias y emprendiéndola contra la gran mayoría de inmigrantes inocentes es una postura ciega y barata que no contempla las verdaderas causas de aquel fenómeno. La solución al problema del terrorismo tiene que ver más con las relaciones de poder internacional y con la adopción de una política exterior justa basada en el respeto y en la paz, no en la prepotencia avasalladora que nace del poder económico y la superioridad militar.

La seguridad ciudadana es absolutamente necesaria y es una función básica que ningún gobierno debe descuidar, pero las acciones para lograrla tienen que desarrollarse en un marco de racionalidad, respeto por las minorías y considerando la variedad y el pluralismo—características que también definen y están en la base fundacional de los Estados Unidos. Endurecer las políticas de inmigración poniendo más barreras a los hombres y mujeres que vienen a mejorar sus vidas, no va a tener repercusión alguna en la ocurrencia de actos terroristas, pues estos últimos son cometidos por otro tipo de individuos y con otros fines, no por inmigrantes. Los programas de seguridad ciudadana y lucha contra el terrorismo deben llevarse a cabo sin arremeter contra un sector de la población que llegó a este país con sanas intenciones, las de crear un futuro promisorio para sus familiares. Lo contrario es inhumano y contraproducente. Hay que tener presente que a lo largo de toda la historia de este país, el inmigrante ha venido a realizar sus sueños y a contribuir con su esfuerzo cotidiano al engrandecimiento de esta nación. A las cosas por su nombre, un inmigrante vino a construir, y como tal merece el mayor de los respetos y que no se presuma de él lo que no es.


Agosto 4, 2006

Artículos > ¿Quién mató al carro eléctrico?
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Posted: Aug.26.2006 @ 3:13 pm | Lasted edited: Jun.17.2010 @ 5:52 pm

¿Quién mató al carro eléctrico?

 

Fui a la estación de servicio para llenar el tanque hace unos días y, como usted también lo habrá experimentado, tuve que pagar cerca de $50 dólares por algo que antes de la era “Bush at War” pagaba con la mitad. La administración republicana ha llevado al país a una guerra precisamente por el control del petróleo en el medio oriente y ahora el hidrocarburo se encuentra en su nivel de precios más alto de la historia. Quienes están en la Casa Blanca, son precisamente prominentes empresarios de la industria del petróleo y como tales, conocedores cabales de ésta, sin embargo el precio del crudo de petróleo y por ende de la gasolina son los más altos que uno recuerde. ¿No sería cuerdo suponer que con sus conocimientos, contactos e influencias, estos personajes podrían estar haciendo lo necesario para que el pueblo norteamericano—que los eligió—no se viera castigado por el alza del precio de la gasolina? Parece que esto no les interesa tanto como asegurar que las empresas petroleras mantengan en alza sus crecientes ganancias. Y en esto, hay que reconocerlo, han sido tenido mucho éxito, pues las utilidades de las compañías petroleras han alcanzado en los últimos años, niveles antes nunca vistos—inexcusablemente gracias a la guerra con Irak.

Una aspiración de la humanidad desde hace casi medio siglo ha sido la sustitución de recursos energéticos por otros que no supongan una reserva física sesgada geográficamente—como en el caso del petróleo, casi los 2/3 de éste se encuentran concentrados en el medio oriente. Otra aspiración plausible en la búsqueda de un recurso energético alternativo, ha sido la necesidad de controlar y reducir la contaminación ambiental, así como la de proteger el medio ambiente. La contaminación ambiental ha crecido a un ritmo tan alto en los últimos 100 años, que ahora—aunque algunos cortos de entendimiento y malintencionados se empeñen en negarlo—estamos asistiendo a una realidad llamada recalentamiento global, cuyas consecuencias serán desastrosas e irreversibles. Entre las que podemos enumerar se encuentran: los daños en el ecosistema y la agricultura, la desertización, la dispersión de la malaria, dengue y fiebre amarilla, y ciertas alergias. El hombre a lo largo de las últimas décadas ha imaginado un recurso diferente que no contamine el medio ambiente. Este recurso largamente soñado ha sido la electricidad. Así pues, después de muchos intentos aislados, en 1996 este sueño se hizo realidad al circular por las autopistas y calles de California el esperado auto eléctrico. Esto ocurrió, en parte, gracias a una ordenanza emitida en 1995 por el Air Resources Board del estado de California (CARB), que requería que el 10 por ciento de los autos vendidos en el estado deberían ser vehículos libres de emisión de gases para el año 2003.

El primer auto eléctrico, de diseño atractivo y dotado de las funciones y accesorios deseados en todo auto moderno, fue desarrollado y lanzado al mercado en calidad de alquiler por la General Motors. Su nombre, EV1. Al compararlo con sus primos hermanos impulsados por gasolina, aquel no dejaba nada que desear. Desarrollaba una velocidad de 80 m.p.h., contaba con aire acondicionado, calefacción, radio, tocadiscos, en fin con todos los elementos, características y comodidades que todo conductor desea encontrar en un vehículo moderno. Su principal ventaja, obviamente era la de no depender de la gasolina ni del aceite que requieren los autos de combustión interna, y la de no emitir gases tóxicos. Al no requerir lubricantes derivados del petróleo, era absolutamente limpio, y además de todo esto, silencioso, quizás más aún que la refrigeradora que tiene usted ahora en su cocina. Para los amantes de alcanzar altas velocidades en el menor tiempo posible, el auto eléctrico era capaz de satisfacer esa imperiosa necesidad: podía acelerar de 0 a 60 m.p.h. en 8.5 segundos.


El EV1 en todo su esplendor.


Usted podía recargar su batería en el garaje de su casa durante la noche, usando un cargador de 110 voltios o de 220. El primer lote de carros eléctricos podía recorrer hasta 80 millas antes de necesitar una recarga de batería; la segunda generación logró aumentar este millaje hasta 120. La limitación en el recorrido entre carga y carga, podría considerarse como una de sus desventajas. Sin embargo era suficiente para una gran mayoría de usuarios. Por ejemplo, un residente en Washington podría haber ido a su centro de trabajo en Baltimore ida y vuelta sin necesidad de recargar la batería en el trayecto. Esta desventaja sería aún menos significativa en estos días, pues en la actualidad se encuentra en desarrollo una batería capaz de mantener el auto en circulación hasta 300 millas por carga. Otro argumento que esgrimieron sus detractores fue la insuficiencia en número de estaciones de abastecimiento de energía eléctrica para estos coches. Pero el mercado podría haberse encargado de corregir fácilmente esta deficiencia, si se le hubiera dado la oportunidad. Según la lógica del mercado, con el incremento de autos en circulación habrían surgido negocios para satisfacer la demanda; de la misma manera como ahora han proliferado las compañías que producen accesorios para el iPod.

Pero ¿qué pasó? ¿Por qué esta maravilla desapareció de la faz de la tierra? ¿O acaso alguien ha visto un carro eléctrico circulando últimamente? La respuesta se puede encontrar en la película “Quién mató al carro eléctrico”. El realizador Chris Paine logra plasmar en este documental, un panorama que le permite al espectador entender los factores en juego y hacer un deslinde de responsabilidades. Su investigación exhaustiva tiene a la vez un tono de trama policial que la hace digerible y fácil de seguir; pues es imposible negar que se trata de un asunto complejo que tiene muchas aristas que atañen no solamente al campo de la tecnología y el medio ambiente, sino también al mundo complicado de la política, los intereses económicos, y los patrones de consumo de la población.

El filme pone frente a los reflectores de los inquisidores tanto a los sospechosos activos de este crimen—las compañías fabricantes de autos, las compañías petroleras, la mesa directiva del  California Air Resouces Board (CARB), y el gobierno federal—como a los pasivos: los consumidores. Nadie se salva, todos son investigados y después de un acucioso análisis, a cada uno le toca su parte. Aquí Paine es algo benevolente, pues a mi parecer, el nacimiento, la vida y la muerte del auto eléctrico, se asemejan, desde un inicio, a un complot orquestado por los principales actores de este drama: los sospechos activos. Si no, veamos los hechos: La General Motors, obligada por la ley, lanza el EV1 al mercado, pero simultáneamente, y durante toda la corta vida de su retoño, ésta y otros fabricantes de autos desarrollan un agresivo cabildeo tanto en California como en Washington D.C., el cual finalmente concluye en un juicio contra la CARB para revocar la ley de reducción de emisiones. Paralelamente—y esto es contradictorio con las leyes del Marketing, por no decir una aberración—lanzan una campaña para desalentar a los consumidores a adquirir su producto. Esto les permitirá posteriormente justificar la decisión de descontinuar la producción debido a un desinterés en los consumidores y consecuentemente una insuficiencia en la demanda. Los fabricantes de repuestos automotrices y de insumos derivados del petróleo tales como el aceite, temieron una reducción de sus ventas en caso de un eventual aumento de popularidad del auto eléctrico, ¿a quién le venderían sus repuestos, y su aceite? Entonces también tuvieron otro motivo para  presionar para que la ley de emisión de gases fuera revocada

Al final de esta historia, como corolario del juicio, la General Motors y otros fabricantes de autos lograron que la ley “Libre de emisiones” fuera derogada. Esto ocurrió coincidentemente en momentos en que la administración Bush hacía una puja decisiva en la Corte y,  por otro lado, el presidente del directorio de la CARB era sustituido por otro, vinculado este último a las corporaciones automotoras. Como epílogo de esta historia real, el carro eléctrico fue el retirado de circulación y todo vestigio de su existencia fue destruido; como para hacernos creer que nunca existió, y como para indicarle a futuras generaciones de soñadores la inviabilidad del proyecto. Los carros fueron triturados y reducidos a polvo en distintas  plantas de la  General Motors y Toyota. Los enamorados de sus máquinas eléctricas lloraron y protestaron en las calles de Los Angeles, pero la suerte estaba echada. Algunos fueron detenidos.  Así, otra vez, un sueño más quedó truncado. Prevaleció el afán de lucro de las grandes empresas. Las utilidades a corto plazo de las empresas fueron más importantes que el bien común y que la preservación de un medio ambiente sano y limpio para las actuales y futuras generaciones.

No obstante esta derrota, Paine concluye su trabajo en una nota optimista, sugiriendo que el auto eléctrico se adelantó a su época y que en el futuro las condiciones globales obligarán a un cambio en el uso de fuentes energéticas. Queda implícito en el filme que tarde o temprano el mundo moderno optará  por energías más condescendientes con el medio ambiente. Estoy de acuerdo que esto ocurrirá algún día, pero el asunto es que el planeta y la humanidad no pueden esperar que estemos al borde de la extinción, el colapso ecológico, o más guerras como la de Irak para dar el paso adelante. Estaría de acuerdo con el cineasta en que el carro eléctrico se adelantó a su época, si el auto hubiera salido al mercado en 1912, año en que fue inventado, pero no en una era de desarrollo tecnológico como la actual. Por otro lado, lamentablemente, no me siento tan optimista como Paine; al menos mientras estemos gobernados por los representantes de los grandes intereses corporativos, mantendré mi optimismo un poco en reserva. Y no soy tan optimista, porque los sociedades que privilegian los intereses económicos de las corporaciones por sobre los intereses de la gente, solamente contemplan la rentabilidad de sus inversiones en el corto y mediano plazo y hacen lo inconcebible por imponer las condiciones que las beneficien, así éstas sean injustas o vayan en desmedro del bien común. No veo pues una solución favorable a los intereses de la salud de la gente y del medio ambiente mientras prevalezca la lógica de “Si se benefician las grandes empresas, como consecuencia se beneficiarán las comunidades”, esto es no es necesariamente cierto. Para que un nuevo proyecto de sustitución energética pueda prosperar, será necesario poner por delante el interés millones de personas y de futuras generaciones en el mundo; será necesario hacer que la gente entienda que la salud de la madre naturaleza—que generosamente nos ofrece un hábitat donde vivir—es más importante que la salud financiera y la avaricia de las corporaciones. Ojalá que la visión de Paine prevalezca sobre la mía y que la humanidad opte por otros recursos energéticos antes de que sea demasiado tarde.

Si “Quien mató al carro eléctrico” todavía está en los cines, vaya a verla. Si ya la quitaron de la cartelera, no importa, alquile el video, prepare una buena porción de maíz reventón, y disfrútela. Vale la pena.


Agosto 21, 2006

Poemas > Nada
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Posted: Aug.24.2006 @ 10:19 pm | Lasted edited: Dec.22.2006 @ 8:55 am

Nada

Tú eres el silencio en esta madrugada eterna y azul,
El fuego de una hoguera que se extingue,
El lejano canto de las aves que migran al sur.

Tú eres el fantasma que se esconde detrás de la puerta
Y desaparece cuando enciendo la luz del lamparín;
Confieso que siento un escalofrío amarillo cuando te ocultas así.

Tú eres el humo del cigarrillo que fuma el empleado al descansar,
El vapor que exhala el alcohólico al entregarse a su adicción,
El sudor en la piel del atleta al llegar agotado a la meta final.

Tú eres el vacío y la nada que habita en las rendijas de mi noción,
La temperatura de prueba que es imposible de asir,
La luz del crepúsculo  tenue que se diluye como el poder del computador.

Tú eres el copo de nieve que se deshace al tocar mi aliento tibio de ser,
El helado de vainilla y chocolate que se derrite ante simple exposición,
La nube que pasa y permuta su forma por la de un dragón.

Tú eres la ilusión perdida que canta el valse de mi país,
Tú eres ahora la ausencia, el vacío, la nada, el dolor,
Tú eres ahora la no existencia, la muerte sin defunción.

Tú eres la lejanía de una cometa que se le escapa
de las manos
A un niño  hasta hacerse cada vez más pequeña
Y perderse en una región arcana del universo.

Tú eres un  pensamiento, una idea, un nombre en el ordenador,
Algo que se almacena en la corteza cerebral y se le llama recuerdo,
Algo que es y sigue siendo, mas
ya no existe en la realidad.

(© Fernando Osorio Zumarán)
(Arlington, Virginia, 17 agosto de 2006)

Poemas > Mi vida
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Posted: Aug.24.2006 @ 7:17 pm | Lasted edited: Dec.22.2006 @ 8:53 am

Mi vida es casi un poema

Mi vida es casi un poema
Que nace en una esquina de la ciudad,
Se planta ante la prisa de la gente
Y le entrega una sonrisa a quien pasa por ahí.

Mi vida es casi una canción de cuna
Que compite con el canto de los pájaros
Y se escucha en una radio descompuesta;
Se le reconoce por el ritmo de rock.

Mi vida es casi un arte surrealista
Con selvas y tigres de Russeau,
Geometrías a lo Mondrian y misterios y libertad;
Un arte comprometido con su línea y color.

Mi vida es casi un ciencia
Con sus teoremas, hipótesis y tesis,
Sus inferencias, leyes, y prueba de error;
Es una ciencia exacta, con su reloj, probeta y albor.

Mi vida es casi una religión sin templos,
Sin sacerdotes ni extremaunción,
Una religión del momento pleno,
Gones y celebración.

Mi vida es casi una novela roja
Con sus amores perdidos y muertes sin solución,
Sus diálogos cortazianos
Y sus capítulos de experimentación.

Mi vida casi un sueño
Con sus monstruos alados, laberintos y delicias de jardín,
Con sus genios, hadas y magos
Que me saludan al despertar.

Mi vida es casi una danza derviche
Que se alza en medio de la guerra;
Cuanto más bombas caen, más amplia
La curva en su movimiento de talón.

Mi vida es casi un gladiolo
Que escapa de su maceta
Y persigue en delirio a la luz
Para después sucumbir.

Mi vida es casi un poema
Que crece como la hierba
Entre las grietas de la pared.
Mi vida es casi un poema,
Un poema que quiere ser.

(© Fernando Osorio Zumarán)
(Lubber Run Park-Arlington, 15 de agosto de 2006)
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