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<lastBuildDate><![CDATA[Sat, 04 Feb 2012 05:32:21 GMT]]></lastBuildDate>
<title><![CDATA[iChasqui—Blog independiente]]></title>
<link><![CDATA[http://blogtext.org/ichasqui/rss/ichasqui]]></link>
<description><![CDATA[A free blog from blogtext.org]]></description>
<pubDate><![CDATA[Sun, 18 Sep 2011 19:55:12 -0700]]></pubDate>
<item>
<title><![CDATA[Confluencia]]></title>
<description><![CDATA[<blockquote>
<p><font color="#990000" size="4"><strong>Confluencia</strong></font></p>
<p><br />
<font color="#990000">
Una banda de ángeles reposa a un <br />
Lado del camino, se quitan las zapatillas y<br />
Las medias, mientras las muchachas observan<br />
De reojo. A lo lejos, un grupo de danzarines ensaya<br />
Piruetas; con sus tijeras cortan el viento, derrotan<br />
El silencio bajo un cielo azul cerúleo. <br />
Cerca del campamento, los&nbsp; jugadores de<br />
Ajedrez ejercitan la mente, imaginan jugadas<br />
Inéditas. El alba no ha concluído su tarea,<br />
La grama recibe la calma de la brisa.<br />
Una diosa con tules saluda lo irrepetitble,<br />
Anuncia algo que no tiene comienzo ni fin,<br />
Algo que carece de permanencia.<br />
<br /><br />
<br /></font><font color="#990000" face="Arial" size="1">14 de setiembre, 2011</font></p></blockquote>]]></description>
<link><![CDATA[http://www.blogtext.org/ichasqui/article/844177.html]]></link>
<author><![CDATA[freeblog@blogtext.org]]></author>
<pubDate><![CDATA[Sun, 18 Sep 2011 19:55:12 -0700]]></pubDate>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Rilke en Trujillo]]></title>
<description><![CDATA[<blockquote>
<blockquote><font color="#990000" size="4"><strong>Rilke en Trujillo</strong></font><br />
</blockquote>
<p><font color="#990000"><br />
Me encontré con Rilke en la esquina de<br />
Independencia y Gamarra,<br />
Vestía una camisa blanca desabotonada<br />
Y las mangas remangadas.<br />
Yo acababa de bajar de una nube,<br />
Tenía la barba crecida, andaba descalzo.<br />
Nos saludamos con algo de desconfianza,<br />
Como quien estudia al contrario,<br />
Sentíamos miedo.<br />
Luego nos dimos cuenta que<br />
Nos conocíamos de otros mundos.<br />
Caminamos hacia la Plaza Mayor y<br />
Nos sentamos en una banca de travertino.<br />
Casi no podíamos hablar, abrimos<br />
Nuestros cuadernos de apuntes,<br />
Revisamos nuestras notas,<br />
No nos sirvió de nada.<br />
Teníamos las pupilas dilatadas,<br />
Las miradas extraviadas.<br />
Fracasamos en el intento de<br />
Trascender el tiempo:<br />
Volvimos a la Escuela Militar, al San Agustín;<br />
El invierno en Europa, el asma.<br />
Él sentía aversión por París,<br />
Yo por el aíre sucio de Lima y los micros.<br />
Sonreía al hablar de la arquitectura<br />
De Praga. Yo me ensombrecía<br />
Al mirar la Casa de Vallejo, destartalada.<br />
Evocamos el primer encuentro, la plazuela<br />
El Recreo, las sesiones interminables<br />
En Moche, con Patiño y Satie,<br />
La arena y las olas de Puerto Chicama,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;<br />
Las caminatas en Simbal y Chiclín.<br />
Nos levantamos y decidimos ir a<br />
Tomar unas cervezas, el calor era<br />
Anaranjado, salía por debajo de<br />
Las faldas de las muchachas,<br />
Brotaba desde el asfalto negro y<br />
Parecía aumentar con los bocinazos&nbsp; de <br />
Los autos.<br />
En el trayecto entramos a La Merced,<br />
Nos ubicamos cerca de un lienzo de<br />
Zurbarán y permanecimos mudos,<br />
Embelesados por el silencio. Asaltamos<br />
El sagrario y robamos unas hostias, nadie<br />
Se dio cuenta, comulgamos extasiados,<br />
Encendimos unos cirios y fornicamos a<br />
Dos muchachas azules al lado del confesionario.<br />
El aroma del incienso se mezclaba con<br />
El humo de las anticucheras en la calle,<br />
El pregón de los vendedores ambulantes<br />
Rebotaba en las paredes gruesas de adobe.<br />
Unos monaguillos empezaron a apagar<br />
Las velas y los portones se cerraron,<br />
Todo se oscureció y desaparecimos entre<br />
Cánticos que no reconocimos.<br />
En la puerta, unas beatas vendían<br />
Estampas de los Santos, camisetas<br />
Del Alianza Lima, y voceaban rosarios,<br />
Pócimas, amuletos y periódicos regionales.<br />
<br /><font face="Arial" size="1">Mayo 5, 2011</font><br />
</font></p></blockquote>]]></description>
<link><![CDATA[http://www.blogtext.org/ichasqui/article/630759.html]]></link>
<author><![CDATA[freeblog@blogtext.org]]></author>
<pubDate><![CDATA[Sat, 16 Jul 2011 16:06:02 -0700]]></pubDate>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Mis maestros]]></title>
<description><![CDATA[<blockquote>
<p align="center"><font color="#660000" size="4"><strong>Mis maestros</strong></font></p>
<p><br />
<font color="#660000">En un reciente seminario sobre asuntos educativos, la expositora nos pidió hacer un ejercicio. Este consistía en poner en blanco y negro las características de los maestros que más hubieran influido en nuestra vida estudiantil,&nbsp; tomar conciencia de las características de ellos y señalarlas. Yo, por más que me esforcé, no pude recordar más de dos en ese momento. Pero me quedé pensando en el asunto, y, pasado el evento, empezaron a venir a mi memoria los nombres de aquellos que más habían contribuido a mi formación. Además&nbsp; me puse a pensar no sólo en sus características docentes sino también en los motivos por los que estos maestros han permanecido en mi memoria y en lo que han dejado en mí y probablemente también en otros. Estos apuntes son para dejar constancia de la gratitud que guardo hacia estos personajes, que muchas veces solamente atesoran las satisfacciones propias de la vida de un educador, una de ellas, que sus discípulos los recuerden con una sonrisa, o que simplemente los recuerden.<br />
<br />Sé que hay una gran variedad de maestros, no únicamente en los centros académicos. Los podemos hallar también en las calles, en los libros, en fin, en los lugares menos convencionales. Pero aquí voy a ocuparme exclusivamente de los que conocí en centros académicos y de formación profesional. Dejo para otro artículo los maestros e influencias que han marcado mi vida desde el punto de vista espiritual.<br />
<br /><br />
<strong>Colegio</strong><br />
El San Agustín de los años 50 y 60, era un colegio religioso para chicos de clase media. Contaba con un campus impresionante, patios enormes, aulas amplias con buena iluminación, laboratorios apropiados pero subutilizados, canchas de fútbol y baloncesto, capillas, y un bosque lleno de árboles que después lo talaron y cedieron al estado para construir esa autopista que llaman “El zanjón”. Por su infraestructura, el colegio estaba entre los mejores de la ciudad, y por consiguiente del país. Su plantel docente se repartía entre los que vestían sotana y los que vestían cuello y corbata. En ambos grupos había unos cuantos que merecían ser llamados maestros y otros&nbsp; –la minoría, felizmente– a quienes ni siquiera podríamos imaginarnos otorgándoles tal título. <br />
<br />Entre los que más recuerdo, el padre Bernardino ocupa un lugar prominente. El era uno de los pocos curas que emanaban paz interior. En aquellos años no me habría costado mucho imaginar que podría llegar a ser un santo. Quizás lo recuerde así porque era una excepción a la regla: no hacía uso del castigo físico, lo cual iba contra la norma de la época y especialmente del San Agustín –la norma aquella de que letra y disciplina con sangre entran. Bernardino nos enseñó inglés en quinto de primaria. Su método era muy simple, dividía cada página del cuaderno en tres columnas, cada una de las cuales rezaba: “palabra”, “pronunciación”, y “significado”. En realidad era un glosario de términos. Aunque no fuera un método muy efectivo, a mí me parecía divertido y diferente a cualquier otro; y lo que más yo valoraba era que en estas clases no había tensión, más bien reinaba un clima de tranquilidad que permitía que la experiencia de estar en contacto con otro idioma fuera algo agradable. Me sentía inmerso en el aura de bondad que el padre Bernardino transmitía en cada una de sus clases.<br />
<br />Juan Manuel Cuenca fue otro cura que dejó huella imperecedera en mí a esa corta edad. Literalmente la dejó, pues mi rúbrica, en cierta manera está claramente inspirada en la suya. Admiraba de él su capacidad intelectual,&nbsp; su inteligencia aguda y erudición. En cuarto de secundaria nos enseñó Literatura, pero creo que también fue nuestro profesor de Religión en primaria.<br />
<br />Al padre Mayo Rueda lo tengo presente por su profusa utilización de proverbios y su aplicación en el momento preciso. Cuando las cosas no iban bien solía decir “unas son de cal, otras son de arena”; cuando alguien decía una necedad, aconsejaba: “a palabras necias, oídos sordos”. Los dichos, algunos aseveran, son una forma de filosofía popular pues encierran cierta sabiduría. Otro aforismo que al escucharlo no puedo dejar de pensar en él, reza así: “en boca cerrada no entran moscas”. Tenía el padre Mayo una sentencia para cada ocasión.<br />
<br />Entre los laicos, Federico Echevarría Cevasco fue nuestro profesor de Economía Política en quinto de media.&nbsp; Era un hombre capaz de organizar su pensamiento y discurso en forma de cuadros sinópticos. Él iba llenando&nbsp;con sus esquemas el área completa de la pizarra según avanzaba en el desarrollo de su tema. Parecía tener una visión global de las cosas y a la vez analítica. Siempre era posible visualizar su línea de pensamiento y observar las relaciones de causa-efecto entre las partes, para ello bastaba con mirar la pizarra.<br />
<br />Si debo mencionar a otro profesor laico, después de mucho cavilar, encuentro la imagen del subteniente Alfredo Bellina. Él era el encargado de darnos la formación militar que el currículum de la época consideraba necesario para todo joven. Recuerdo de él una definición que en ese entonces me parecía lejana y solamente aplicable a la historia estudiada en los textos, pero que lamentablemente, por experiencia vivida a lo largo de los años, he podido comprobar su certeza: “la guerra es la continuación de la política”. Es una triste realidad, pero es la verdad. También solía decirnos en un tono grave, una y otra vez: “la vida es muy dura”. A mí eso me sonaba a telenovela, exageración, o a una declaración propia de alguien que estuviera atravesando una tribulación. Yo tenía 15 años y solamente veía la vida como un flujo de excitación constante con atributos que podrían calificarse con términos cercanos a la palabra felicidad. Posteriormente pude entender perfectamente a qué se refería don Alfredo Bellina.<br />
&nbsp;<br />
<br /><strong>Academias</strong><br />
En cuarto de secundaria mi rendimiento fue tan pobre que mis padres decidieron enviarme a una academia después de las horas de colegio para que pudiera salvar el año. La academia de Vicente Gálvez estaba la calle Porta, en Miraflores. Ahí iban a parar aquellos&nbsp; que estaban a punto de perder el año debido a su preferencia desmedida por los goces de esa edad por encima de los sacrificios que la vida estudiantil implica. Vicente Gálvez era amigo de sus alumnos, los hacía sentir que eran personas interesantes e importantes, se alegraba al verlos y&nbsp;reía con ellos. A diferencia de los curas y profesores del colegio, don Vicente nos llamaba a cada uno por nuestro nombre y no por el apellido. <br />
<br />Su casa la había convertido en un centro de estudios en el que recibía a jóvenes casi desahuciados provenientes del Champagnat, Santa María, e Inmaculada principalmente—yo era el único del San Agustín. En su casa-academia no había línea divisoria entre los quehaceres académicos y familiares. Sus hijos recorrían los ambientes de la casa en completa libertad, su esposa cargaba a sus pequeños, vigilaba y toleraba sus juegos de una manera amorosa –actitud un tanto desconocida para mí. Vicente Gálvez era un hombre feliz. Trabajaba en su casa, disfrutaba de su familia, de sus alumnos, y de lo que hacía diariamente. Nos enseñaba aritmética, álgebra, geometría y trigonometría. Fumaba como un condenado, pero siempre estaba sonriente. Lo que aprendí de él es que es posible disfrutar de su propio trabajo, que es posible ser un hombre un feliz con lo que se hace a diario como medio de subsistencia.<br />
<br />Después de graduarme en el San Agustín quise hacer algo difícil, algo que realmente me costara esfuerzo conseguir. Decidí postular a la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), la más importante y renombrada casa de estudios del país en cuanto a ciencia y tecnología se refiere. De 10 postulantes ingresaba uno. La competencia era intensa. Aspiraban a este centro de estudios los mejores y más dotados estudiantes de todo el Perú. Y yo, que no me había destacado precisamente por ser un buen alumno durante la secundaria, tuve que asistir durante un año a una academia de preparación especializada en el ingreso a la UNI y así poder estar a la altura de las circunstancias. Así fue que me matriculé en el Instituto Matemático. <br />
<br />El Instituto estaba ubicado en la Avenida La Colmena, en el centro de Lima. Su plantel docente era brillante. Todos sus profesores eran extraordinarios, no había uno que fuera mediocre, todos estaban por encima del promedio en cuanto a calidad pedagógica se refiere. El común denominador de todos ellos era el profundo conocimiento de las materias que impartían y sus estupendas dotes didácticas. En el Instituto se respiraba un aire de dedicación al estudio que pocas veces he visto imperar en centros de estudio, tanto entre sus alumnos&nbsp;como entre sus instructores. No conocí a nadie que fuese a perder el tiempo ahí. Todos iban a estudiar y a enseñar con fervor. <br />
<br />Quisiera expresar mi reconocimiento a los maestros de esta etapa de mi vida, pero solamente recuerdo los nombres de unos cuantos, ellos son Salvador Lau Barraza (Algebra), Hugo Rodríguez Galarreta (Trigonometría), José Chunga Yaya (Física), Efraín Rodríguez Cárdenas (Aritmética). Los demás nombres, después de casi medio siglo, se han esfumado de mi memoria y por más que he tratado de reconstruir la historia no he tenido éxito. Tampoco he podido hallar rastro de ellos en el Internet. Sin embargo mis buenos amigos de la Facultad de Ingeniería Civil de la UNI, que también pasaron por el Instituto, me ayudaron a reconstruir esta lista. Todavía me quedan dos nombres en el tintero, de los cuales no tengo completa certeza, los de mis profesores de Geometría y Química. Sé que puedo parecer injusto al omitir a este excepcional par de profesores, pero quiero que quede claro que en realidad rindo tributo a todos los maestros que tuve en el Instituto Matemático sin excepción. <br />
<br />Cuando me matriculé en turno de la tarde, el año 1966, yo sólo aspiraba obtener una preparación que me permitiera ingresar a la UNI. Esa era mi meta. Pero grande fue mi sorpresa diez meses más tarde y después de los exámenes, comprobar que no solamente había ingresado sino que había ocupado el puesto 20 en el orden de mérito general y el segundo en la Facultad de Ingeniería Civil. Atribuyo dicho éxito a la férrea disciplina de estudio autoimpuesta durante casi un año y a los profesores que tuve en el Instituto.<br />
<br /><br />
<strong>La UNI</strong><br />
La UNI fue mi primera universidad. Ahí continué mis estudios en el campo de las ciencias exactas. Paralelamente inicié mi formación en aspectos relacionados con la política, sociología, literatura, sicología, y filosofía de una manera autodidacta, ecléctica y desordenada. En contraste con el Instituto Matemático, en la UNI encontré extraordinarios maestros y otros que carecían de las dotes que hace de un profesor un buen maestro.<br />
<br />Si tuviera que usar un adjetivo para Luis Hernández Lefrac, sería monumental.&nbsp; No solamente por su físico, que era imponente y por su pulcritud en el vestir, sino por el rigor, la elegancia y el magnetismo de su didáctica. Él era un maestro en el más completo sentido de la palabra. Nos enseñaba Análisis Matemático,&nbsp; que incluía Cálculo y Geometría Analítica. Sus clases eran diarias de 8 a 10 de la mañana. Yo vivía en Miraflores y me las agenciaba para llegar puntualmente al campus de la UNI, en El Rímac –el otro extremo de la ciudad. No me hubiera perdonado faltar a una sola de sus clases; ellas eran un gozo para el intelecto.<br />
<br />A pesar del elevado nivel de abstracción y racionalidad que por naturaleza propia su asignatura encerraba, Hernández la presentaba como una historia, como una novela cuyo siguiente capítulo uno ansiaba conocer. En sus clases se podía observar con claridad el orden, la concatenación perfecta entre temas, la estrecha relación entre los teoremas previamente demostrados y los subsiguientes. Siempre era posible ver cómo se iba construyendo el edificio de la ciencia de una manera impecable, lógica, secuencial, y rigurosamente sustentada. Luis Hernández era la personificación del orden y la precisión de las ciencias puras. Al asistir a sus clases de Análisis Matemático uno se convertía en espectador y partícipe de la historia del pensamiento humano desde el punto de vista matemático. Siento que fue realmente un privilegio haber tenido una oportunidad como ésa.<br />
<br />La geometría descriptiva, como sistema de comunicación gráfico, trata de describir el espacio de una manera matemática, de modo que los objetos tridimensionales y las relaciones entre ellos puedan ser expresados en dos dimensiones&nbsp;mediante el dibujo. Sus aplicaciones caen dentro de los linderos de la ingeniería, la arquitectura, el diseño, y el arte. Chicho Bonifaz era el maestro perfecto para esta disciplina. Él era capaz de hacerla inteligible, de que cualquiera pudiera entender sus principios y resolver complejos problemas de aplicación. Chicho –por cuyas aulas pasaron generaciones enteras de ingenieros y arquitectos – tenía además otra cualidad,&nbsp; la de enfatizar la importancia del aspecto formal en la presentación de cualquier documento o en la exposición didáctica de un tema. Otra característica de su personalidad era su caligrafía perfecta. La pizarra, después de cada una de sus clases, podría haberse conservado como una obra de arte conceptual. Para Chicho, el contenido y la forma eran igualmente importantes, en sus clases él era un comunicador nato.<br />
<br />Marco Martos nos enseño un curso de escritura para ingenieros, con un título algo así como Redacción Técnica. Marco es un poeta, y como tal veía el mundo y la docencia. Desarrollábamos el syllabus del curso, pero además de eso nos regalaba con la visión de un literato sobre la importancia de la palabra bien escrita y correctamente enunciada. En su curso vi reflejado mi amor por la literatura y la poesía. Martos fue una influencia decisiva en mi vida. Gracias a él supe que yo no iba a ser solamente un ingeniero, sino además un humanista. El año pasado en un viaje que hice al Perú, como un sencillo homenaje, adquirí uno de sus libros: “Dondoneo”.<br />
<br /><strong>La Molina</strong><br />
La Universidad Agraria-La Molina era y es la más importante del país dedicada a las ciencias agrícolas. De cómo llegué ahí voy a explicarlo en un artículo aparte. Por ahora me voy a concentrar en los profesores que ahí encontré. <br />
<br />Uno de los primeros que viene a mi mente es Carlos Lezcano. Él era la disciplina y el rigor matemático aplicados a la física. Nos hacía sentir que éramos capaces de entender las leyes de la termodinámica y remontarnos hasta alturas no imaginadas a través de la resolución de problemas complejos. Lezcano era un profesor exigente y perfeccionista, no dejaba pasar un solo error, ni en el contenido ni en la forma.<br />
<br />La formación del ingeniero en la Agraria era ecléctica y universal. A diferencia de la UNI, el currículo en la Agraria no constaba exclusivamente de cursos científicos y técnicos, sino que incluía materias de otras ramas del saber humano, tales como la antropología, sociología, economía, psicología, derecho, biología, etc. El lema de esta casa de estudios era “Quiero cultivar al hombre y el campo”. <br />
<br />Alfredo Torero, era un sembrador de inquietudes. El encarnaba la pasión por entender nuestros orígenes y por relacionar la historia de nuestra evolución con la realidad social actual. Torero parecía estar sumergido en&nbsp;el pasado y asomar en el presente con sus ojos sorprendidos a para dictar sus clases en La Molina. Su percepción del presente se hallaba profundamente marcada por la conciencia de conocer el proceso evolutivo de nuestra especie. No sabría decir si vivía más en el pasado y miraba el presente a través del velo de la historia, o si vivía el presente y se remontaba al pasado para entender las vicisitudes de nuestra situación actual. Pero de cualquier modo, él fue una fuente viva de inspiración para mí. Asistir a sus clases era una experiencia esclarecedora, tan gratificante como ir al cine o a un concierto de alguno de mis grupos preferidos de rock.<br />
<br />Otro profesor que dejó huella en mí durante mis años universitarios fue Joaquín Maruy Tashima. Él representaba el mundo exterior, la modernidad, había obtenido una maestría en Cambridge-Inglaterra, había publicado un libro de planeamiento rural, usaba blue jeans&nbsp;en el campus y calzaba suecos. Era una mezcla de rojo, intelectual, millonario y hippie irreverente. A la vez, Maruy era la imagen viva del éxito, era hijo de un acaudalado empresario, y daba la impresión de que trabajaba sólo por el placer de hacerlo, no por necesidad. Personificaba el sueño del planeamiento rural como una apuesta por el cambio social y el desarrollo nacional. Veía yo en él la encarnación de los ideales que me habían llevado a trasladarme desde la UNI a la Agraria el año 1971. Compartía yo con él la vocación, convicción y práctica de que por medio de la creación de asentamientos humanos en el campo –que conviviesen en armonía con la naturaleza e integrados con sus respectivos centros productivos– se lograría un poblador rural feliz y próspero, y por ende la sociedad entera se beneficiaría. Ahora eso suena un poco a utopía, pero en los 60 y 70 era lo que creíamos muchos de nosotros. “Soñadores” solían llamarnos ciertos señores de cuello y corbata; pero no estamos solos les respondía parafraseando a Lennon. <br />
<br />Rudy Muñante fue mi profesor de Planeamiento Rural y otros cursos de la especialidad. Lo que más recuerdo de él es su constante alegría y buen humor, parecía disfrutar cada momento de su trabajo en la Universidad. Le encantaba estar en contacto con la gente, y parecía interesarse genuinamente en cada uno de sus alumnos. A veces basta una máxima para pasar a la historia. Y Muñante la enunció en forma de cuestionamiento. Recuerdo que una de sus clases, le preguntó a uno de sus alumnos, “¿cuál es el objetivo de tu vida?” Con esto Muñante saltó de la dimensión de los asuntos profesionales y sociales –que eran el centro de nuestra atención– a otra de nivel ontológico. Con esta pregunta él estaba tratando de establecer una relación entre nuestro papel como profesionales dentro de una sociedad como la peruana y nuestro rol en la vida como seres humanos. Esta indagación de Muñante confirmó mi visión integradora y unificada de nuestras funciones en los ámbitos social, profesional&nbsp;y de realización personal. Esa pregunta resonó en mí por años, quizá fue la más importante en mi vida estudiantil.<br />
<br />Maruy y Muñante nos hacían volar e imaginar las infraestructuras físicas y sociales que resolverían los múltiples y ancestrales problemas que afectaban al agro. Pero Jorge Torres Lombardi nos hacía poner los pies en la tierra y crear las soluciones técnicas a dichos problemas mediante el diseño de asentamientos rurales y soluciones constructivas pertinentes. El nos enseño los cursos de Diseño Rural y Diseño de Asentamientos Rurales. Con él había que resolver problemas concretos y buscar soluciones prácticas a cuestiones reales. A pesar de su juventud tenía una amplia experiencia profesional y docente. Además de ser un gran maestro era un buen amigo. Fue él quien me introdujo en el mundo de las cooperativas agrícolas. Trabajé en Caquí, cerca de Huaral. Ahí conocí a otros jóvenes profesionales e idealistas con los que cultivé una amistad duradera, ellos eran arquitectos, sociólogos y antropólogos que trabajaban por cambiar el mundo por medios pacíficos, mediante la técnica.<br />
<br />Sin leyes no podríamos vivir en sociedad ni menos haber creado cultura, continuaríamos en la era de las cavernas. La formación en la agraria era técnica y humanística. Esta universidad preparaba a sus ingenieros para entender y desenvolverse en la sociedad y en la época que nos había tocado vivir, o por lo menos trataba de que los futuros ingenieros estuvieran expuestos a algo más que cálculos matemáticos y de agrimensura. Así pues uno de los cursos claves en mi formación fue “Introducción al Derecho”, con César Delgado Barreto como profesor de esta materia. Además de ser un brillante expositor, él lograba motivar a sus estudiantes a hurgar en los libros para entender más, ampliar nuestros horizontes y buscar respuestas a las inquietudes que pudieran surgir dentro de nosotros. &nbsp;<br />
<br /><br />
<strong>El Arte</strong><br />
Yo ya había concluido mis estudios de ingeniería hacía más de un año y trabajaba como profesor a tiempo completo adscrito al Departamento de Matemáticas y Estadística de la Universidad del Pacífico cuando me convertí nuevamente en estudiante, esta vez de artes plásticas en la Universidad Católica de Lima. Era el año 1977. Sobre el por qué de este salto aparentemente disímil me explayaré en otro artículo posteriormente. Por ahora vayamos a lo nuestro: los maestros.<br />
<br />El virtuoso acuarelista Juan Pastorelli fue mi profesor de Perspectiva, y posteriormente fui su asistente en el dictado de dicho curso durante un par de años. Por eso, no estoy seguro si me estoy refiriendo a él como maestro, colega, o artista. Pero, en cualquiera de los casos, Juani ha sido siempre excepcional. No he conocido a ningún otro que explicara los fundamentos de la perspectiva de una manera tan clara y precisa. Incluso durante nuestro trabajo en equipo como docentes, él siempre seguía enseñando, con su consejo y manera afable de interactuar con sus pares. Y eso es&nbsp; lo que define al verdadero maestro, ellos enseñan no solamente en el aula, sino donde las circunstancias los coloquen, enseñan con su conducta, con sus actos, con su manera de relacionarse con los demás continuamente.<br />
Las clases del viejo Winternitz, como solíamos llamarlo, apostaban a la reflexión constante sobre la naturaleza del arte y la misión del artista. En ellos Adolfo Winternitz trataba de darnos fortaleza interna para así mantenernos fieles a nuestra vocación e ideales artísticos.&nbsp; Cada clase era una invitación a beber de&nbsp; las fuentes de inspiración reveladas en la historia del arte y en la vida y obra de los artistas. En sus clases encontré afirmación a mi identidad de artista, aliento para perseverar en los objetivos que me había trazado, y motivación para desarrollar mi obra plástica.<br />
<br />La connotada escultora y dibujante Cristina Gálvez impartía clases de dibujo y escultura en su taller de Miraflores. Con Cristina hasta el menos dotado para el arte aprendía a dibujar la figura humana, y bien. Ella estimulaba y alentaba a sus alumnos de una manera muy particular. Su escala de calificación siempre se movía dentro de un área positiva. Los trabajos de su discípulos los calificaba como: ‘bueno’, ‘muy bueno’,&nbsp; ‘excelente’, ‘superior’, ‘magnífico’ y otros adjetivos que ella solía colocar sobre las láminas en que hacíamos nuestros dibujos. Esa era su escala, para ella no existía un dibujo deficiente. El mero hecho de dibujar significaba un esfuerzo titánico, un intento significativo que no concebía calificarlo de manera negativa. Qué gran filosofía; si todos evaluáramos a nuestros congéneres del mismo modo en cualquier oficio, pienso que viviríamos más estimulados, seríamos más felices. Cristina solía decir que el arte era un acto de amor.<br />
<br />Mark Withmare fue mi profesor de canto en el Northern Virginia Community College en su campus de Alexandria. Algo notable en él era su memoria y capacidad para identificar las peculiaridades de sus discípulos. Mark era capaz de recordar, desde el primer día de clase, los nombres de cada uno de sus veinte y pico de alumnos. Por otro lado,&nbsp; sabía determinar las necesidades específicas de cada estudiante en cuanto las características de su voz y su manera de cantar. Como consecuencia de este diagnóstico, Withmare, le recomendaba a cada quien el ejercicio preciso para mejorar su técnica de canto. Mark transmitía optimismo, parecía disfrutar enormemente el hecho de estar en contacto con los estudiantes así como la tarea de enseñar.<br />
<br /><br />
<strong>Gracias</strong><br />
&nbsp;Al posar la mirada en mi pasado, específicamente en el aspecto de mi formación, veo un abanico impresionante de personalidades que han impactado en mi vida en diferentes etapas, un conjunto variado de maestros que de diversas maneras han marcado mi devenir. Todos ellos han aportado algo valioso. De unos aprendí su rigor inquisitivo y profundidad de análisis; en otros admiré su erudición o carisma. Algunos me iniciaron en la práctica de la disciplina y la perseverancia; otros me hicieron valorar la alegría de estar en contacto con la gente y la importancia de la satisfacción con el trabajo propio. En muchos reconocí la vocación de servicio por ayudar a quienes se acercaban al conocimiento. No pocos se encargaron de mostrar su integridad y valores, esa fue su gran enseñanza.<br />
<br />Pienso que los humanos, cualquiera que sea nuestra ocupación, influimos los unos en los otros. Todos transmitimos nuestras mejores cualidades o nuestros defectos en nuestra interacción social diaria. La cuestión es cómo influir positivamente en los demás. Los maestros juegan un papel central y tienen una gran responsabilidad en este sentido, pues su ascendencia llega a muchos y a edades que ciertamente son determinantes. Su radio de acción es más amplio que el de otro tipo de profesional. Lo que ellos transmiten puede llegar a una mayor cantidad de gente. Ellos tienen una considerable capacidad de difusión de ideas. Creo que la transmisión de valores es uno de los aspectos más importantes en labor de un maestro. Los verdaderos maestros son conscientes de esto y en consecuencia se esfuerzan por cultivarse como personas y por desarrollar técnicas apropiadas para el logro de sus propósitos.<br />
<br />Lo que celebro al citar a estos maestros es que ellos lograron mantener en mí la motivación interna que me permitió indagar y profundizar en el mundo del conocimiento. Lograron que yo continuase siendo un ávido lector y un enamorado del saber. También aportaron, de alguna manera, a que yo siguiera mi vocación de explorador de la verdad y observador crítico. Yo estudiaba, tanto de una manera formal como informal, ya fuese en el aula universitaria, en un café literario o en un cine club. Buscaba información en las bibliotecas y en las playas, investigaba en el laboratorio y en la calle. Reflexionaba con académicos en conferencias o con los amigos en un bar. <br />
<br />Descubrí que en mí residía parte del conocimiento, que éste solamente estaba en espera de ser develado.&nbsp; Algunas veces la revelación ocurría ante la&nbsp; presencia del maestro que contribuía a que el conocimiento aflorara, como el agua contribuye a que una planta florezca. La motivación que puede inducir un maestro es fundamental, constituirse en un elemento motivador es una función central en un educador. De cierta manera, creo que los&nbsp; maestros son los espejos que reflejan la inmensa curiosidad, deseo de entender el mundo, y necesidad de experimentar el conocimiento que anidaba dentro de cada persona. <br />
<br />¡Gracias maestros!<br />
<br /></font></p></blockquote>]]></description>
<link><![CDATA[http://www.blogtext.org/ichasqui/article/447026.html]]></link>
<author><![CDATA[freeblog@blogtext.org]]></author>
<pubDate><![CDATA[Wed, 30 Mar 2011 18:09:38 -0700]]></pubDate>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Quién se acuerda]]></title>
<description><![CDATA[<blockquote>
<p><font color="#660000" size="4"><strong>Quién se acuerda</strong></font></p>
<p><font color="#660000"><br />
</font><font color="#660000">
Te escupen y abofetean,<br />
Te aguijonean con sus lanzas,<br />
Como a un perro sarnoso,<br />
Te tiran piedras, agua sucia, basura,<br />
Tus heridas se infectan al contacto con el polvo,<br />
Como en la película de Mel Gibson;<br />
Y tú les pones la otra mejilla,<br />
Los exoneras de culpa,<br />
Los miras con amor,<br />
Les prometes paraísos;<br />
Pero ya nadie se acuerda.<br />
<br />En fiestas como ésta,<br />
Preparas arroz con pollo,<br />
Multiplicas los panes y los peces.<br />
En calles como éstas,<br />
Das clases de primeros auxilios,<br />
Sanas a los enfermos,<br />
Repartes ropa.<br />
En casas como la de mi abuela, <br />
Construyes muebles,<br />
Arreglas las bicicletas de los niños del barrio.<br />
<br />En los puertos descargas los barcos nocturnos<br />
Que vienen de Noruega, Namibia y El Salvador<br />
Y no te pagan horas extras.<br />
En la maquiladora coses pantalones<br />
En mesas interminables sin mucha ventilación,<br />
El salario no alcanza. <br />
En los campos de California recoges fresas,<br />
Cosechas uvas, apañas algodón.<br />
A la entrada del Seven Eleven, hablas del amor,<br />
Del amor a uno mismo, del amor al vecino,<br />
Del amor al distinto y al inmigrante, <br />
Hablas del amor al recién llegado,<br />
Al desposeído, y algo aún más difícil,<br />
Del amor al enemigo. Regalas tu camisa,<br />
Haces donaciones por Internet,<br />
Apoyas causas perdidas.<br />
<br />Tu padre y tu madre han cruzado la frontera<br />
Y buscan un albergue, un techo donde guarecerse,<br />
Esquivan la guardia fronteriza, las balas, los coyotes,<br />
No tienen tarjeta de crédito, no tienen papeles,<br />
No tienen seguro de salud y vas a nacer en invierno,<br />
En cualquier esquina, en una playa de estacionamiento,<br />
Sin obstetriz ni toallas, sin sábanas ni frazadas.<br />
Ellos andan corridos, tratan de alquilar un apartamento,<br />
Pero les piden la driver license, social security,<br />
Cuenta bancaria, y ellos&nbsp; no tienen nada,<br />
Sólo te tienen a ti a punto de florecer.<br />
<br />Y suenan las campanas, campanas de Belén,<br />
Blanca Navidad, Burrito sabanero,<br />
Feliz Navidad, José Feliciano, <br />
I wanna wish you a Merry Christmas,<br />
Papá Noel se toma fotos con los niños <br />
En los centros comerciales,<br />
Y la gente compra, compra y compra,<br />
Y el tráfico es insoportable,<br />
Y la nieve cae y tú estás por nacer,<br />
Y ya nadie se acuerda.<br />
<br />En tu tierra nunca ha habido paz, tu pueblo<br />
Está arrinconado, su tierra ha sido ocupada,<br />
Su gente sin pasaporte por más de 2000 años.<br />
Han construido un muro de concreto armado,<br />
Los fabricantes de armas se frotan las manos,<br />
Los políticos las justifican y ganan premios<br />
Y puntos en las encuestas.<br />
<br />Y tú insistes en la paz, el amor,<br />
Y el desprendimiento. Con sencillez enseñas:<br />
Si tienes dos casacas, dale una a tu hermano, <br />
El reino de los cielos está dentro de ti,<br />
No en la televisión ni en Las Vegas,<br />
Pero no te hacen caso, y entonces<br />
Te persiguen con napalm y anuncian<br />
Que eres un peligro para la sociedad,<br />
Un extremista, que no tienes remedio.<br />
Luego te traicionan por 30 monedas, te niega el amigo,<br />
Tu madre es testigo de tu tortura,<br />
¿Habrá algo más doloroso que ser despreciado?<br />
Dios mío por qué me has abandonado.<br />
<br />Cuando tú naces las estrellas brillan y<br />
Los presidentes viajan a verte.<br />
Se organizan cumbres, se crean paquetes turísticos,<br />
Y los animales se apaciguan y dejan de atacar,<br />
Los vecinos se asoman por la ventana<br />
Para tomar fotos con sus iPhones, y<br />
El tendero&nbsp; de la esquina le fía pañales <br />
A tu padre que corre desparramando alegría, y<br />
Sin que tu madre se percate, compra unos puros <br />
Cubanos de contrabando e invita a sus parientes y amigos.<br />
<br />Pero te siguen golpeando abajo, un rodillazo,<br />
Un culatazo en el costado, un fierrazo en la nuca,<br />
Una patada al estómago, qué se habrá creído éste,<br />
Dizque es el Hijo de Dios, con qué derecho, <br />
Qué sabrá éste de las leyes de los doctos, quién le dio autoridad.<br />
Mas tú los perdonas porque no saben lo que hacen.<br />
<br />Y cada año vuelves a nacer, una y otra vez,<br />
Naces y renaces, naces y no mueres nunca,<br />
Mientras nosotros nos reunirnos con algarabía<br />
Y comemos pavo y puré de manzana con nueces<br />
Del Brasil, panetón D’Onofrio y<br />
Una taza de chocolate caliente,<br />
Y ya nadie se acuerda.<br />
<br />Y tomamos vino frente a un árbol de plástico,<br />
Y compramos regalos y nos mandamos tarjetas,<br />
(Ahora electrónicamente y no usamos acentos),<br />
Cantamos villancicos y ponemos cara de bueno,<br />
Y compramos regalos y más regalos,<br />
Así cooperamos con el impulso a la economía <br />
(de consumo),<br />
Nos vestimos de rojo y verde,<br />
Y quemamos luces de Bengala,<br />
Pero pocos se acuerdan.<br />
<br />Y cuando mueres, cada año, aprovechamos<br />
Para hacer turismo, nos vamos a Máncora, <br />
A Paracas, Cancún o Miami, y ahí nos desmandamos.<br />
Y cada año vuelves a nacer<br />
Y nosotros compramos la lotería, un huachito<br />
Por si acaso, dijeron que traías suerte, ¿verdad?<br />
Quizás así salgamos de pobres.<br />
Iluminamos el árbol de plástico y ponemos <br />
Cara de circunstancia y después bailamos<br />
En una fiesta cultural,<br />
Y ahora algunos cuantos se acuerdan.<br />
<br />Libre de ataduras y del qué dirán,<br />
Perdonas nuevamente a los que te torturan <br />
Cada día en el madero y te clavan con clavos,<br />
Con martillo, con alambre de púas.<br />
Y yo, a riesgo de ser llamado aguafiestas,<br />
Leo mis poemas en fechas sin nombre,<br />
Y siento pudor al hablar del amor,<br />
Quizás porque tema también ser colgado,<br />
Descoyuntado, y finalmente olvidado.<br />
<br />Pero admito que celebro tu llegada,<br />
Tu humanidad, tu divinidad,<br />
Condiciones compartidas por todos nosotros,<br />
Celebro tu lenguaje en plural, tu entrega,<br />
Tu miedo, tu rabia, tu paz.<br />
Celebro que nazcas cada año en el mundo y<br />
Que hayas cruzado fronteras, banderas, idiomas, color. <br />
Celebro tu brillo y presencia de hombre<br />
En la luz y en la oscuridad, en alturas y abismos,<br />
En nuestras mentes y en el corazón.<br />
Y ahora sospecho que ya alguien se acuerda.</font></p>
<p><font color="#660000">&nbsp;</font></p>
<p><font color="#660000"><font face="Arial" size="1">Diciembre 2010 </font><br />
</font></p></blockquote>]]></description>
<link><![CDATA[http://www.blogtext.org/ichasqui/article/320568.html]]></link>
<author><![CDATA[freeblog@blogtext.org]]></author>
<pubDate><![CDATA[Fri, 24 Dec 2010 11:11:25 -0800]]></pubDate>
</item>
<item>
<title><![CDATA[    ¿Comunicados o separados?]]></title>
<description><![CDATA[<blockquote>
<p align="center"><font size="4"><strong><font color="#660000">&nbsp;&nbsp;&nbsp; ¿Comunicados o separados?</font></strong></font></p>
<p><br />
<font color="#660000">
Eran las dos de la tarde de un verano caluroso y húmedo en Nueva York. Abordé el ómnibus en en pleno centro de Manhattan. Después de una perorata del chofer sobre el uso exclusivo del baño para menesteres urinarios y no para otras necesidades mayores, partimos rumbo a Washington casi puntualmente.<br />
<br />Me senté en la segunda fila junto a la ventana. A mi lado había una muchacha, de ese tipo de belleza asiática que te hace celebrar las diferencias raciales. Me puse a adivinar su país de origen y edad: Tailandia, 21 años; Japón, 25; Malasia 19 y así continué divagando en otras combinaciones posibles. Me sentí compelido a cruzar palabras con ella, a entablar ese tipo de conversación ocasional propia de los que ocupan butacas contiguas en un viaje, en cierto modo similar a la de aquellos que hacen cola frente al cajero en un banco o en la sala de espera en un dentista. Siempre me ha parecido que algún tipo de interacción humana es necesario en circunstancias como éstas para mantener el tejido social en condiciones saludables.<br />
<br />El vehículo arrancó, el tráfico era fluido, cosa maravillosa al salir de Nueva York. Yo buscaba el momento propicio para iniciar una simple charla con la muchacha. Ensayaba mentalmente, “qué suerte que no hay mucho tráfico, ¿no?”, “el cielo está despejado, pero han pronosticado lluvia...” Volvía la cabeza distraídamente hacia la izquierda y la veía absorta en los sonidos que se introducían en sus orejas menudas mediante unos audífonos blancos. Sabía que no era el momento.<br />
<br />Ya casi habíamos terminado de recorrer la New Jersey Turnpike y ella seguía conectada a su pequeño aparato electrónico. Estaba a mi lado, pero parecía estar muy distante, en otras esferas a las cuales yo no tenía acceso. Al ver que la comunicación era imposible, decidí olvidarme del asunto y saqué un libro de mi bolsa de tela. Me entregué a la lectura. Al igual que mi compañera de asiento, me sumergí en otro mundo, me subí a otra nube, tomé distancia de lo inmediato.<br />
<br />Hice un avance notable en las páginas de “Crónica de San Gabriel” de Julio Ramón Ribeyro, maravillosa novela. Cuando me cansé de leer traté de establecer contacto nuevamente con la persona que tenía a mi lado, pero esta vez hablaba por teléfono. No pude reconocer su lenguaje, parecía tailandés o vietnamita. Decepcionado decidí dormir un poco y como tengo facilidad para conciliar el sueño, me quedé dormido rápidamente. Al despertar, el deseo de comunicarme con mi vecina había amainado y noté que alternaba su tiempo entre la música y la conversación telefónica. No transcurrió mucho tiempo y el conductor anunció que ya estábamos en Baltimore, que nos detendríamos&nbsp; unos minutos antes de reanudar nuestro viaje a Washington.<br />
<br />En Baltimore se bajó la muchacha y subió un joven que se sentó en el asiento que mi vecina había desocupado. Se desarrolló un breve diálogo entre él y yo. Me dijo que iba a Richmond, que tenía que estar allá a las 8:00, y añadió que si el tráfico no se ponía pesado lograría su cometido. Le respondí que tal como se estaban desarrollando las cosas, llegaríamos a Washington en una hora y que ahí podría hacer una conexión a Richmond. Después de esta breve interacción, él inició una llamada telefónica. Sostuvo una larga conversación en español, hablaba con un amigo, estuvo en el teléfono aproximadamente unos 20 minutos. Yo volví a mi libro y a mirar por la ventana los bosques por los que transcurre la Washington-Baltimore Parkway. Al concluir su conversación telefónica, mi nuevo vecino sacó de su maletín unos audífonos que parecían de estudio, los conectó a su iPhone y se puso a escuchar música durante el resto del trayecto.<br />
<br />Entramos a Washington por la New York Avenue. El sol aún no se ponía, el calor no dejaba de abrasar y la gente caminaba con sopor por las calles. El ómnibus se detuvo y mi vecino, sin desconectarse los audífonos, cargó su maletín, descendió raudo del vehículo y se perdió entre los transeúntes. Yo descendí del ómnibus sin prisa, pensando que no había podido entablar alguna comunicación significativa con las personas a mi alrededor. Una sensación de separación me invadió, me pareció que no obstante contar con la tecnología que nos permiten comunicarnos, estamos más separados que antes. Recordé, no sin cierta nostalgia, que hace poco tiempo atrás era posible establecer un mínimo de conexión con los seres que nos rodeaban, que se podía conversar e, incluso, a veces, hasta hacer amistades. Hoy todos parecen estar muy ocupados, embebidos en algo alejado, y sentimos que si nos aproximamos a ellos los vamos a interrumpir o importunar. <br />
<br />Ahora, a través de nuestros aparatos electrónicos, andamos conectados con quienes habitan otros lugares lejanos, escuchamos voces de quienes no están con nosotros en el momento actual. Estamos físicamente presentes, pero nuestras mentes y sentidos están en otras esferas. Parece que estamos aquí, pero en realidad no lo estamos completamente. Le damos preferencia al allá en desmedro del aquí. Ignoramos a quienes están a nuestro alrededor y honramos con nuestra atención a quiénes se encuentras distantes. Nos&nbsp; perdemos lo que el momento presente nos ofrece. Con el uso constante de esta tecnología digital, nos&nbsp; negamos las posibilidades que el aquí y el ahora nos brindan a cada instante. Creemos estar más en contacto con los demás, pero en realidad estamos más separados de lo que ocurre en nuestro entorno y de quienes están aquí y ahora a nuestro lado.<br />
<br /><br />
<br /><font face="Arial" size="2">Escrito en julio de 2010.</font></font></p></blockquote>]]></description>
<link><![CDATA[http://www.blogtext.org/ichasqui/article/263096.html]]></link>
<author><![CDATA[freeblog@blogtext.org]]></author>
<pubDate><![CDATA[Thu, 11 Nov 2010 11:50:38 -0800]]></pubDate>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Medicina al paso]]></title>
<description><![CDATA[<blockquote>
<p align="center"><font size="5"><strong><font color="#990000">&nbsp;Medicina al paso&nbsp;</font></strong></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span>&nbsp;La semana pasada estuve de malas, pareció cumplirse aquello de que los males nunca vienen solos. Me atacó un bronquitis aguda y me distendí el tobillo pisando un desnivel en la calzada de un parque. Dicen que ya no hay dinero para reparar las veredas, que esas son nimiedades. Mas para otras cosas, supuestamente importantes, sí lo hay, y en abundancia, por ejemplo para la guerra de Afganistán o para rescatar a los pobrecitos ejecutivos que metieron la pata y la uña en Wall Street.</span></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span><br />
Pero vayamos a lo que nos llama hoy: la medicina y el trato que los médicos le dan a sus pacientes. Antes de describir los acontecimientos que deseo comentar, debo dejar claro que pertenezco al selecto y privilegiado grupo de personas que cuenta con un seguro de salud en los Estados Unidos. </span></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span><br />
Inicialmente no le di mucha importancia a la bronquitis, pensé que se iría sola y me concentré en el tobillo adolorido que me impedía caminar con comodidad. Conseguí una consulta de emergencia en mi proveedora de servicios de salud: Kayser Permanente. </span></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span><br />
El ritual se desarrolla más o menos así: después de la identificación y el pago de derechos de atención y de una breve espera, uno pasa a las manos de una enfermera que le mide la presión, temperatura, pulso, estatura y peso. La enfermera le pregunta a uno el motivo de su visita, toma notas y anuncia “el médico estará con usted en unos minutos”. Si tiene uno suerte, la espera es tolerable, de lo contrario le recomiendo llevar algo para leer o, a las señoras, su tejido.</span></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span><br />
Llega el médico, se presenta y, como la enfermera ya le sopló el motivo de la visita, procede con preguntas más específicas, inmediatamente se vuelca hacia la pantalla de su computadora y empieza a escribir la receta y a dar las recomendaciones del caso. Respecto a mi tobillo—día 1—el doctor V. Nguyen me dijo que la radiografía indicaba que no había fractura ni dislocación, que se trataba solamente de una distensión. El remedio era inmovilizar el pie con un escarpín especial y descansar. Me dio un sonrisa, se despidió y se retiró raudo. Acto seguido llegó el terapeuta físico, me colocó el escarpín y también se despidió. No hubo tiempo para preguntas ni mucho menos para que se estableciera algún tipo diálogo entre el doctor y yo. Creo que, el tiempo que el médico me dedicó no fue mayor de 3 minutos. Ha pasado una semana de este hecho y por más esfuerzos que hago difícilmente puedo recordar su rostro.</span></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span><br />
Al día siguiente volví, pero esta vez debido a la bronquitis. El ritual fue similar al descrito líneas arriba: pago, medida de signos vitales y luego la aparición estelar del médico: ahora la doctora A. Huang. Ella fue más generosa conmigo, me regaló 5 minutos. Auscultó mi garganta, fosas nasales, y pulmones con su estetoscopio. Escribió su receta en la computadora y la imprimió. Luego de despedirse amablemente, se retiró con prisa. Daba la impresión que tenía algo más importante que hacer. &nbsp;</span></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span><br />
Pasada una semana, como los síntomas de la bronquitis persistían, regresé por otra consulta. Me atendió la doctora Y. Kim. Aunque sus recomendaciones fueron acertadas, pienso que, por mucho decir, se quedó conmigo 5 minutos. Mientras hablaba&nbsp; buscaba algo en la computadora y después de copiar y pegar algunos párrafos en el documento de mi visita, lo imprimió, me lo entregó, se despidió y partió rápidamente. Parecía que tenía tareas más significativas y urgentes que atender. Yo me volví a quedar con la sensación de que un médico es un personaje tan especial que no puede perder su tiempo con un paciente y que tiene funciones de un nivel más elevado que cumplir y de mayor prioridad que&nbsp; la salud del individuo que tiene al frente en ese preciso momento.</span></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span><br />
En cada caso, una vez concluida la consulta pasé por la farmacia de Kayser para proveerme de las pociones mágicas que aliviarían mis males: las medicinas. De regreso a casa, caí en cuenta que aún tenía muchas preguntas sin contestar, dudas y curiosidad sobre la naturaleza de mis afecciones, sobre la frecuencia de ingestión de las medicinas, y sobre la duración del tratamiento, entre otras. Pensando en lo que había experimentado estos días concluí que en ningún caso sentí que había sido tratado como una persona, sino más bien como un objeto que tenía que ser revisado y del cual había que deshacerse lo antes posible. Me sentí como un producto&nbsp; puesto en la faja transportadora que debía pasar por diversas etapas previas al empaquetado y la despacho final. Me sentí parte del proceso característico de la medicina occidental moderna—una medicina concebida más como un negocio que como un servicio social en pro de la comprensión de nuestro cuerpo físico; una medicina que actúa más como un dispensario de recetas y venta de fármacos&nbsp; que como un sistema de prevención y realización de la salud; una medicina que trata al paciente de una manera segmentada y deshumanizada&nbsp; en vez de una medicina holística, humana. </span></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span><br />
Si bien no hubo tiempo para hacer preguntas sobre la enfermedad, mucho menos lo hubo para sostener para una conversación. No pretendo que el consultorio de un médico se convierta en un café o en un centro de reuniones sociales, pero pienso que debe existir un mínimo de interacción humana entre el médico y el paciente. Uno de ellos—el paciente—está ahí para obtener ayuda en lo más preciado que tiene: su cuerpo, su salud. ¿No es esto un motivo suficiente para que el otro—el médico—le otorgue la atención y el tiempo necesarios a fin de que se establezca la confianza y compenetración que todo tipo de tratamiento médico requiere?</span></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span><br />
No estoy cuestionando el diagnóstico y el tratamiento que recibí en estos últimos días, los cuales pienso fueron apropiados, sino el trato que recibí, el cual creo se repite en gran parte de las instituciones dedicadas a la salud en este país. En estas ocasiones se repitió el mismo patrón. Parece ser la tendencia de la medicina occidental actual. El&nbsp; negocio de la salud debe ser lo más lucrativo posible, para ello no hay tiempo que perder. El tiempo es oro. Lo demás no interesa. El aspecto emocional, la interacción humana entre el médico y el paciente han dejado de tener relevancia. La relación médico-paciente está marcada por las leyes del llamado mercado, en la cual el médico es un operario al servicio del taller de reparaciones—o el empresario en el caso del consultorio privado—y el enfermo, el paciente, es simplemente un cliente, un consumidor, un objeto. Lo más triste de esto es que Estados Unidos exporta no solamente bienes materiales como automóviles,&nbsp; computadoras o medicinas, sino modelos, ideologías. Y me temo que el resto del mundo, estúpidamente, vaya a imitar o ya esté imitando este modelo de medicina al paso. </span></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span><br />
¿Qué podemos hacer nosotros, comunes mortales, ante esta realidad?, ¿dejar de ir al médico, morirnos en el intento? Una de las alternativas, a mi entender, es demandar que los médicos les den un trato humano a sus pacientes, los vean como personas, no como objetos; hacer notar este hecho por todos los medios a nuestro alcance. Otra, es informarnos, entender un poco mejor nuestro cuerpo y su funcionamiento; leer, hay abundante información gratis en la Red. Y, finalmente, practicar la medicina preventiva, es decir llevar una vida sana, comer alimentos naturales y hacer ejercicio físico. Simple, ¿verdad? En otras palabras, ser nuestros propios médicos, hasta que el cuerpo agüante.</span></font></p>
<p><font color="#990000"><br />
<font face="Arial" size="1">8 de junio de 2010.</font></font></p></blockquote>]]></description>
<link><![CDATA[http://www.blogtext.org/ichasqui/article/59339.html]]></link>
<author><![CDATA[freeblog@blogtext.org]]></author>
<pubDate><![CDATA[Tue, 08 Jun 2010 13:33:45 -0700]]></pubDate>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Crónica de San Gabriel]]></title>
<description><![CDATA[<blockquote>
<div align="center">
<p><font color="#990000" size="5"><strong>Crónica de San Gabriel</strong><br />
</font></p></div>
<p><font color="#990000" size="3"><span>Estuve en Lima las dos primeras semanas de abril y descubrí, en casa de mi madre, una edición económica pero pulcra de Crónica de San Gabriel*, la primera novela de Julio Ramón Ribeyro. Empecé a hojearla con desconfianza, pues hacía más de 20 años que no leía una novela, y pensé prejuiciosamente que sería otra más dejada de lado. Pero me equivoqué, y me dejé cautivar por el mundo de Ribeyro en los escasos momentos de soledad que tuve durante mi estadía allá y en los pocos momentos en que no estuve rodeado de amigos o familiares. &nbsp;</span></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span><br />
Hace algunos días me visitó una bronquitis aguda, y tuve que tomar algunas medicinas, líquidos abundantes y descansar sin medida. Fue ésta la ocasión perfecta para retomar su lectura y mantener mi mente ocupada en otros asuntos diferentes del de mi propio cuerpo maltrecho. Que haya podido completar su lectura y que sea la primera novela que leo después de un receso de dos décadas no pueden dejar de ser indicadores de la calidad de esta obra. </span></font></p>
<p><font color="#990000" size="3"><span><br />
Ribeyro escribió este libro a los 26 años en Munich. Es un fresco de la vida de los señores hacendados en la sierra del Perú en los años 40 y 50. No se trata de una novela indigenista, sino de la visión de un limeño de la vida serrana. Ribeyro dice que es un recuerdo de sus vacaciones en una hacienda cuando tenía 15 años, pero añade que es una obra de su imaginación. La historia es simple, sin embargo creo que la grandeza de un escritor no radica en la opulencia de sus tramas, sino en la profundidad de su reflexión a través de sus personajes. Y en esto Ribeyro es un profundo observador de la naturaleza humana. Además, su fina sensibilidad literaria y sus dotes de narrador eximio hacen que lo considere un maestro entre los grandes escritores.</span></font></p>
<p><font color="#990000"><br />
<font face="Arial" size="2">* Julio Ramón Ribeyro, Crónica de San Gabriel, PEISA—Gran Biblioteca Literatura Peruana-El Comercio, Lima,2001.</font></font></p></blockquote>]]></description>
<link><![CDATA[http://www.blogtext.org/ichasqui/article/57865.html]]></link>
<author><![CDATA[freeblog@blogtext.org]]></author>
<pubDate><![CDATA[Wed, 02 Jun 2010 18:36:14 -0700]]></pubDate>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Continúa política anti-inmigrante, militarizan la frontera]]></title>
<description><![CDATA[<blockquote>
<p align="center"><font color="#660033" size="5"><strong><span>Continúa política anti-inmigrante,</span></strong></font></p>
<p align="center"><font color="#660033" size="5"><strong><span>militarizan la frontera </span></strong></font></p>
<p><font color="#660033"><span>&nbsp;</span></font></p>
<p><font color="#660033"><span>El muro de la vergüenza no es suficiente: Obama acaba de ordenar el despliegue de 1, 200 soldados de la Guardia Nacional en la frontera con México. No bastaron los 6,000 que mandó Bush entre los años 2006 y 2008, Obama—como en otros aspectos— está siguiendo sus pasos. Pero para que no pensemos que el Presidente actúa solo, Harry E. Mitchell, Demócrata Representante por el estado de&nbsp; Arizona, ha propuesto un mínimo de 3,000 contingentes en la frontera. </span></font></p>
<p><font color="#660033"><span>Obama se ha desenmascarado como anti-inmigrante: ha incrementado la militarización de la frontera. ¿Acaso estamos en guerra con el vecino del sur? Su posición anti-inmigrante es clara. Su mensaje también lo es: los que llegan por esa frontera son indeseables, los enfrentamos con las armas. Sólo se enfrenta con las armas a los enemigos. </span></font></p>
<p><font color="#660033"><span><br />
En contraste, en la frontera norte no hay muros ni contingentes militares, ¿será porque son blanquitos? El contenido racial de esta medida presidencial&nbsp; es evidente. </span></font></p>
<p><font color="#660033"><span><br />
Hace unas semanas Obama declaró que la Ley Anti-inmigrante de Arizona requería ser modificada en su lenguaje. Eso significa en su forma, con lo cual tácitamente está aceptando que el fondo de la ley no es cuestionable, sino únicamente su forma. ¿Qué nos está diciendo el Presidente? ¿Que esa ley solo tiene ser pulida en cuanto a su lenguaje? Esto es inaceptable, especialmente que provenga de un hombre cuyo padre fue un inmigrante. </span></font></p>
<p><font color="#660033"><span><br />
Lo lamentable de todo esto es que estamos solos, los Republicanos—racistas por naturaleza— son desenfadadamente anti-inmigrantes, al igual que los extremistas del Partido del Té, de ellos no podíamos esperar nada. Pero, de los Demócratas, con Obama a la cabeza, esperábamos posturas más progresistas o por lo menos más humanas. Sin embargo, estos no muestran interés alguno en defender a los inmigrantes; es más, el Presidente ha sugerido que en el fondo la Ley de Arizona es aceptable. Y Terry Goddard, Demócrata, fiscal general del estado de Arizona y candidato a&nbsp; gobernador, ha declarado que él apoya la asignación de $500 millones de dólares para la llamada Seguridad Fronteriza y la Guardia Nacional. </span></font></p>
<p><font color="#660033"><span><br />
El tema de los inmigrantes en Estados Unidos es una cuestión vital de derechos humanos y de racismo, las víctimas esta vez no son los hermanos de raza negra sino los indo-hispano americanos. ¿Quién podrá defendernos?, ¿el Chapulín Colorado?</span></font></p>
<p><font color="#660033"><span><br />
<font face="Arial" size="2">27 de mayo de 2010</font></span></font></p>
<p><font color="#660033"><span>&nbsp;</span></font></p></blockquote>]]></description>
<link><![CDATA[http://www.blogtext.org/ichasqui/article/56529.html]]></link>
<author><![CDATA[freeblog@blogtext.org]]></author>
<pubDate><![CDATA[Thu, 27 May 2010 19:19:48 -0700]]></pubDate>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Immigration and Racism]]></title>
<description><![CDATA[<blockquote>
<div align="center"><strong><font color="#660000" size="5">Immigration and Racism</font></strong><font color="#660000"><br />
</font></div>
<div align="right"><font color="#660000" size="1"><br />
</font></div>
<div align="right"><font color="#660000"><em><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="1"><br />
This land is your land, this land is my land</font><br />
<font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="1">This land was made for you and me</font><br />
<font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="1">— Woody Guthrie</font></em><br />
</font></div>
<p><font color="#660000"><br />
I emigrated to the United States in 1988. Like millions of people over the centuries, I came to this country—and brought my family with me—to find a place in which to fulfill my dreams, develop my potential, become a better person, and make a significant contribution to society. At that time, I was not able to see how much this society was prone to reject the newcomers. On the contrary, I felt welcome, but now, shamefully, I cannot say the same. I can see now that immigrants are not welcome anymore. But, I still have hope that Americans can understand better the current immigration phenomenon—understand it with their minds and hearts —and go back to the fundamentals that made this country a land of opportunities for people of all races, ideas, and educational levels.<br />
<br /><strong>Land of immigrants</strong><br />
We have heard that this is a land of immigrants many times; but reality shows us now that immigrants are no longer welcome. The justification for rejecting the new wave of immigrants is that they have been categorized as “illegal”.<br />
<br />Human beings have always migrated, from the beginning of time until the present. English colonists invaded and occupied this part of the continent more than 500 years ago, displacing its inhabitants: the American Indians. Those English settlers were immigrants. Was that immigration legal? Were the pioneers that came in the Mayflower legal? Did they have the permission of the Native Americans to immigrate and occupy their lands? Did they carry any passport? The answer is no. One can say that the Native Americans didn’t have any law. The truth is that they did not have the European judicial system, but they had their own law. Nobody consulted them about coming to their territory occupying it, and making their living here in America. English in the north, as well as Spaniards in the south, did not carry any permission to immigrate into the new world. They just showed up and stayed.<br />
<br />Until some decades ago, any person that came to the US just showed up. Many of the great grand parents, grand parents, and even parents of contemporary Americans just showed up and settled here. They did not ask for permission, nor did they bring legal documents that accredited them as immigrants. They were just immigrants; they just came to this land to improve their lives. They just showed up, they just immigrated. The so called “illegal immigration” is a relatively new social invention; immigration has always existed.<br />
<br /><strong>A bit on semantics</strong><br />
When someone steals $100 dollars in clothing from a department store or someone else leaves the country to go to war, we don't call the former “illegal costumer” or the latter “illegal resident”, or both of them “illegal citizens.” We say that they committed a crime, that they did something illegal, but we don’t tag them as “illegal persons.” The same thing happens when someone drives at 70 mph in a 55 speed limit highway; we don't call her or him an “illegal driver.” The implication of labeling the person “illegal” instead of the action drives us to condemn the whole person as undesirable and affects all the deeds that this person might perform. This labeling diminishes the person instead of the behavior. This type of categorization punishes and disqualifies not only the action, but also the entire person indefinitely, no matter how well s/he could perform in other realms of private and public life.<br />
<br />From another viewpoint, when we call someone an “illegal immigrant,” we should be aware that the substantial point is that, in the first place, that person is an immigrant, and secondly that s/he does not count in terms of the proper documentation. As we can see, “immigrant” is the noun and “illegal” is the adjective. This means that the main point here is that the individual is an immigrant—a person—and the subordinate point is that s/he is undocumented. The legality of the immigration status is incidental; it just adds supplementary information to the status. It does not define the person; what does actually define him or her is the term “immigrant.” And an immigrant is a person; a person cannot be illegal.&nbsp; A human being cannot be illegal.<br />
<br />When I read and hear about “illegal immigration” and witness the immense anti-immigrant sentiment that has grown and spread in American society lately, I can’t avoid being astonished by the low level of awareness that people have on this matter. They think that they are talking only about a portion of immigrants—the illegal ones. They think that adding the adjective is enough to reject, segregate, and discriminate against this portion. The truth is that, in essence, they are rejecting and discriminating against immigrants in general and, secondarily, against the undocumented ones. All this is taking place in the so- called land of immigrants.<br />
<br /><strong>Some numbers</strong><br />
The studies reveal that the estimated number of immigrants in the US is about 38 million people. The estimated population of undocumented immigrants is about 12 million; 81 percent of these come from Latin America. They are mostly non-whites, of a variety of races, ethnically Hispanic. So, in the end, what Americans are expressing by their merciless obsession with undocumented immigrants is their profound contempt for almost 10 million people of different race, language and culture. <br />
<br />A country with centuries of slavery, racial segregation and discrimination, accustomed to keeping a sector of the population as second class, now has the perfect excuse to continue its racist practices as well as its derogatory treatment of a social group: this time the undocumented immigrants. And the justification for exerting racism is that they are “illegal immigrants.” &nbsp;<br />
<br /><strong>It’s the law</strong><br />
In the past, it was illegal for blacks to be seated in a bus, and to educate their children in white schools. It was illegal for a black person to marry a white, as well as to live in certain neighborhoods, and so on. The system justified racism on the basis of legality. In other words, white Americans had a green light to discriminate against blacks openly because it was illegal for blacks to send their children to a white school. When white Americans in the first half of the past century banned black kids from white schools, the black people thought the white people were doing this to them not because they were black, but because it was illegal for blacks to enter into a white school. In other words, making the life of a million human beings miserable was legal. This means that the law can be a perfect reason to practice intolerance without even thinking that one is a racist.<br />
<br /><strong>The new target</strong><br />
Nowadays in many counties it is illegal for undocumented immigrants to obtain health services, to register their children in school, to get a driver’s license, to get an ID. Now it is illegal for undocumented newcomers to get a job, some states want to ban undocumented residents from going to college, renting an apartment, and reading a book in a public library. And this trend is rising. America, the land of immigrants wants to suffocate those who, like most of their ancestors, came to this land to improve their lives in this part of the world. Racial hatred has now transferred its target to undocumented immigrants, who are mostly Hispanics. The excuse: they are illegal. History repeats itself: making the life of millions of people miserable is now allowed, fostered, and legal.<br />
<br />This segment of the Hispanic population is now the new target for racist practices and their members are victims of all the consequences and miseries of racial discrimination. Let’s do an exercise of the imagination. Imagine that there is a country, out there, in which a wall is being built along its border in order to impede the access of immigrants. Let’s say that every year, about 500 people die—with the consent of the host country—trying to cross the border to enter in. Let’s suppose that in that country, social services like health, education and legal representation are refused to undocumented immigrants. In addition to this, in that remote country, immigrants cannot open a bank account, get a driver’s license, rent an apartment, and they are discouraged from speaking their own language. Let’s imagine that that country has profited from immigrant labor for generations by paying the lowest wages and salaries to those who are undocumented and cannot find a job. Let’s say too that in that country, undocumented immigrants are incarcerated, cut off and deprived of legal assistance. Let’s add also that this country has militarized its border, and that systematic deportations have broken thousands of families. What would the US say about that country in which the human rights of millions are daily and systematically violated? Probably it would complain to the United Nations about the inhuman treatment those people receive, and demand the authorities of such a country to change their immigration policies for good. The US would probably accuse that country of systematic violation of human rights and impose economic and diplomatic sanctions, right? But this time, that imaginary villain is not out there, it is the US itself. We are behaving in a way that we would criticize if we knew that a foreign country were the perpetrator of these kinds of abuses. Does the old proverb about seeing the feather on another’s eyes but not the stick in one’s own apply here?<br />
<br /><strong>A long tradition on racism</strong><br />
There was a time in which racism was focused on North American Indians. Their population was reduced from about 12 million to 237,000 in four centuries (1).&nbsp; They were almost wiped out in a long-term genocide. They were not considered citizens until 1924. There was another time, 1882, in which the Chinese were not allowed to immigrate into the US for many years, and another time, in 1942, when 120,000 Americans of Japanese descent were interned in camps for about 3 years. There was another time when blacks were segregated and deprived of their rights. In the current time there is racial discrimination against Hispanics. Americans have a new target, racism is still alive.<br />
<br />It seems that centuries of racism, since the beginning of the British occupation of North America until the present, were not ended by the laws given under the civil rights movement a few decades ago. On the contrary, it seems that racial discrimination and intolerance are again on the rise. It seems that Americans feel comfortable fighting against Hispanics, because they have disguised them with the costume of a terrible illegal alien, but inside those costumes there are human beings with families, dreams and aspirations who came to this land like the first settlers to make their lives better. It seems that Americans are in their comfort zone when they demand enforcement of the law but, at bottom, they are exerting bigotry against millions of people of a different race, language and culture. &nbsp;<br />
<br /><strong>Free flow of commodities</strong><br />
It is amazing to see how our society values things more than people. Everyone agrees that we are living the era of globalization; in these times we cherish free trade of commodities, capital, technology, and information, but not of people. Society and governments have given bold steps toward the exchange of commodities, capital, technology and information but have refrained from giving people the opportunity to move freely and settle around the planet.<br />
<br /><strong>Are we being compassionate?</strong><br />
Another paradox is that the US praises itself as a religious country, their leaders call themselves compassionate, and value the importance of family unity; nevertheless, in practice, they show neither religious nor family values. America is not hosting foreigners nor treating them compassionately. On the contrary, it is denying social services, making the life of undocumented immigrants miserable, and following abrupt deportation practices.&nbsp;</font></p>
<p><font color="#660000">Let’s revisit some passages in the Book of Matthew 25:34-40, and see if Americans—mostly Christians— are following what Jesus said about the treatment of foreigners. <br />
</font></p>
<blockquote><font color="#660000">“Then [Jesus] will say to those on his right, 'Come, you who are blessed by my Father; take your inheritance, the kingdom prepared for you since the creation of the world. For I was hungry and you gave me something to eat, I was thirsty and you gave me something to drink, I was a stranger and you invited me in, I needed clothes and you clothed me, I was sick and you looked after me, I was in prison and you came to visit me.’</font><br />
<p><font color="#660000">Then the righteous will answer him, 'Lord, when did we see you hungry and feed you, or thirsty and give you something to drink? When did we see you a stranger and invite you in, or needing clothes and clothe you? When did we see you sick or in prison and go to visit you?’</font><br />
</p>
<p><font color="#660000">[Jesus] will reply, 'I tell you the truth, whatever you did for one of the least of these brothers of mine, you did for me.’”</font><br />
</p></blockquote><font color="#660000">It is sad to see how the anti-immigrant sentiment has grown in American society stirred by Republicans during these Bush years. It is sad to see that immigration is an excuse to practice sheer racism against Hispanics, and make their lives miserable. It is sad to see how all the measures that are being taken against immigrants are creating and perpetuating an impoverished population, marginalized, uneducated, and put on the verge of committing crime. Nevertheless, there are still great numbers of people of good will in the US who make me think that there is still hope. Hope that this can be a country that cherishes lawfulness but resists cruelty. Hope that we can feel and sing again like Woody Guthrie: “This land was made for you and me.”</font><br />
<p><font color="#660000"><strong>Back to the core values</strong><br />
The United States of America does not welcome immigrants anymore and has become hostile to millions of people that come to this land to better their lives. The justification to unwelcome foreigners is that they are “illegal.” But being undocumented is an anecdotal and secondary aspect of the immigration issue; the essential issue is that the unwelcome are immigrants. <br />
<br />The vast majority of the undocumented immigrants are Hispanic -- an ethnic group formed by various kinds of races. By labeling this ethnic group “illegal,” society has justification for making effective and expressing its racism over that segment of the population. The term “illegal” condemns, margins, and alienates the victim. It is immoral and opposes human rights and the US Constitution. <br />
<br />The rise of the anti-immigrant sentiment in recent years in the US is an expression of a latent racism that had been attenuated in the decades after the civil rights movement, but it has shown itself during the current Republican administration. This racism against the Hispanic ethnic group is being openly expressed, as long as the racists can currently justify their racism by labeling their target “illegal.” &nbsp;<br />
<br />America should go back to the core values stated in its foundation, stop using the term “illegal” to label undocumented immigrants and start over accepting and welcoming immigrants regardless of their race. America should keep in mind that the immigrants’ ultimate goal is to improve their lives. By doing so, Hispanics will be able to improve their education, comply with the law and adopt the American core values. This way, they will integrate fully into this culture and make significant contributions to the country that received them.<br />
<br /></font></p>
<div align="right"><font color="#660000" face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">October 2007</font><br />
</div>
<p><font color="#660000"><br />
<br /></font></p></blockquote>]]></description>
<link><![CDATA[http://www.blogtext.org/ichasqui/article/33961.html]]></link>
<author><![CDATA[freeblog@blogtext.org]]></author>
<pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jan 2009 18:37:28 -0800]]></pubDate>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Arrebol: Canciones]]></title>
<description><![CDATA[<h2 align="center"><font color="#660033" face="Georgia, Times New Roman, Times, serif">ARREBOL</font></h2>
<h5 align="center"><font color="#660033" face="Georgia, Times New Roman, Times, serif">CANCIONES</font><font color="#660033"><br />
</font></h5>
<h3 align="center"><font color="#660033" face="Georgia, Times New Roman, Times, serif">&nbsp;<img alt="" src="/userFiles/ichasqui/Arrebol-Ferna-Cover%20JPG.jpg" border="0" height="418" width="418" /></font></h3>
<h6 align="center">&nbsp;</h6>
<h6 align="center"><font color="#660033" face="Georgia, Times New Roman, Times, serif">–FERNA–</font></h6>
<h6 align="center"><font color="#660033" face="Georgia, Times New Roman, Times, serif" size="1">2008</font><br />
</h6>
<p align="center"><font color="#660033"><br />
</font><font color="#660033" size="2"><strong>AMO OTRA VEZ</strong><br />
<font size="1">(1998)</font><br />
<br />Amo otra vez,<br />
Todo me parece<br />
Más hermoso esta vez.<br />
<br />Llevo a flor de piel<br />
Emociones frescas<br />
Y esperanzas de miel.<br />
<br /><em>Pienso, siento,<br />
Palpo, canto<br />
Amor.<br />
Pienso, siento,<br />
Palpo, canto<br />
Amor.<br />
<br />Triunfa la ilusión,<br />
Canta el corazón,<br />
Arde la pasión,<br />
Calma la razón,<br />
Amor.</em><br />
<br />Vuelvo a florecer,<br />
Todo me parece<br />
Más hermoso esta vez.<br />
<br />Todo marcha bien,<br />
Cabe, sincroniza<br />
Y yo digo qué bien.</font></p>
<p align="center"><font color="#660033" size="2"><br />
&nbsp;<br />
<strong>ÉL SE ALUMBRÓ</strong><br />
<font size="1">(1991)</font><br />
<br />El día anunció<br />
Celebración,<br />
El sol salió<br />
Con su fulgor.<br />
<br /><em>Defendió su razón,<br />
Encendió su pasión,<br />
Levantó su color.<br />
<br />Él mismo se alumbró,<br />
Apuntó al corazón<br />
Y descubrió el amor<br />
Fruto de la estación.<br />
Y se bañó de luz,<br />
Venció a la oscuridad,<br />
Sintió estragos de paz,<br />
Un alivio feroz.<br />
</em><br />
Ella subió<br />
Con su candor,<br />
Le dibujó<br />
Una emoción.<br />
&nbsp;<br />
&nbsp;<br />
<strong>BESOS POR TELÉFONO</strong><br />
<font size="1">(1998)</font><br />
<br />El día vendrá en que esa constelación<br />
Con todas sus estrellas brille aquí,<br />
Yo quiero que tu antena apunte a mí<br />
Y no prefieras ver televisión.<br />
<br />Hacer mi vida una nación de amor<br />
Con luces, gala, y dulce de limón,<br />
Y que tú llegues fresca a mi estación,<br />
Jugar las cartas nuestra salvación.<br />
<br /><em>Yo soy de piel, no de papel,<br />
Celebro el hoy, no el porvenir,<br />
Yo soy real y no virtual,<br />
Te quiero aquí muy junto a mí.</em><br />
<br />Cuando será que abordes el avión<br />
Y por las noches cuides mi país,<br />
Tu tiempo libre puedas compartir<br />
En mi región de sueños y organdí.<br />
<br />No acepto besos por teléfono,<br />
Tan sólo un poco de tu miel de abril,<br />
Entrar al cielo al centro el corazón,<br />
Fundar el reino de nuestro candor.<br />
<br /><em>Yo soy de piel, no de papel,<br />
Celebro el hoy, no el porvenir,<br />
Yo soy real y no virtual,<br />
Te quiero aquí muy junto a mí.<br />
</em><br />
&nbsp;<br />
<strong>BALADA PARA UN FINAL</strong><br />
<font size="1">(1987)</font><br />
<br />Una mañana gris,<br />
Ruido y niebla despiertan la ciudad,<br />
Buscó refugio y paz<br />
Cerca a la fuente del parque distrital.<br />
<br /><em>Él nunca pudo imaginar<br />
Que en medio de esa paz<br />
Llegue el final.<br />
Él nunca pudo imaginar<br />
Que en medio de esa paz<br />
Llegue el final.</em><br />
<br />Tenía en quien pensar,<br />
También bandera que un día iba a izar;<br />
Su credo era cambiar,<br />
Cambia la vida, cambia el río y el mar.<br />
<br />Un charco rojo fue<br />
Su cuerpo inerte, sus libros y sus jeans;<br />
Un auto oficial,<br />
El arma humeando se aleja del lugar.</font></p>
<p align="center"><font color="#660033" size="2"><br />
<strong>&nbsp;GRACIA Y LIBERTAD</strong><br />
<font size="1">(2001)</font><br />
<br />Hoy vengo yo a saludar<br />
Al libre y al presidiario,<br />
Al justo y al pecador,<br />
Al rico y al proletario.<br />
<br />Yo quiero ver a mi hermano<br />
Silbando contento y sano,<br />
Que le alcance su salario<br />
Al final del calendario.<br />
<br />Para eso necesito salir,<br />
Inflamar el alma de porvenir,<br />
Caminar despierto en la bisectriz,<br />
Ver la vida desde el lado feliz.<br />
<br />Lo valioso en este mundo, sabrás,<br />
Es la dosis fuerte de la amistad,<br />
De la mano que se extiende al amor<br />
Cultivando brío, fe y la verdad.<br />
<br /><em>Paz sin codicia,<br />
Gracia y caricia,<br />
Fuerza y justicia<br />
Para cambiar.</em><br />
<br />Los niños de mi país<br />
Que aprendan el silabario,<br />
Que crezcan en lucidez<br />
Y el corazón solidario.<br />
<br />Quiero que mi presidente<br />
Gobierne para mi gente,<br />
Y no para los banqueros<br />
De la G y la Diecinueve.<br />
<br />Para qué nos servirá acumular,<br />
Si lo más preciado es inmaterial,<br />
Entregar algo de felicidad<br />
A quien tienes a tu lado al pasar.<br />
<br />Así un día mi pueblo renacerá<br />
En festín de gracia y de libertad,<br />
La promesa ansiada se logrará<br />
En la mesa pan y nuestra hermandad.</font></p>
<p align="center"><font color="#660033" size="2"><em>Paz sin codicia,<br />
Gracia y caricia,<br />
Fuerza y justicia<br />
Para cantar.</em></font></p>
<p align="center"><font color="#660033" size="2"><br />
</font></p>
<p align="center"><font color="#660033" size="2"><br />
<strong>ASÍ COMO VINE</strong><br />
<font size="1">(1987)</font><br />
<br /><em>Así como vine<br />
Así me iré,<br />
Vine sin pedirlo,<br />
Así me iré.<br />
Así como vine<br />
Así me iré,<br />
Yo no traje nada,<br />
Así me iré.</em><br />
<br />Mi cuerpo desnudo y<br />
Un grito de adiós,<br />
Giran los astros<br />
Con precisión,<br />
Todo continúa<br />
En revolución.<br />
<br />Tarde o temprano<br />
Tendré que partir,<br />
Por el momento<br />
Quiero vivir,<br />
No me preocupa<br />
El porvenir.<br />
<br />Por ahí van diciendo<br />
Que hay que controlar,<br />
Que después de muerto<br />
Vas a gozar,<br />
Yo sólo canto<br />
A la libertad.<br />
<br />Los que se queden<br />
Levanten la voz,<br />
Sigan los cantos,<br />
Dancen al sol,<br />
Eterno el cambio,<br />
Noche y albor.</font></p>
<p align="center"><font color="#660033" size="2"><br />
&nbsp;<br />
<strong>ME ENAMORO</strong><br />
<font size="1">(1991)</font><br />
<br />Yo te quiero cantar<br />
Una dulce canción,<br />
Ganar tu corazón<br />
De un modo singular<br />
<br />Y entrar por tu balcón<br />
Con mi ramo de azahar<br />
Dejando libre tanta<br />
Primavera que hay en mí<br />
<br /><em>Y entonces,<br />
Me enamoro de tu luz,<br />
Me enamoro de tu voz,<br />
Me enamoro del amor,<br />
Me enamoro siempre sin razón</em><br />
<br />Yo quisiera probar<br />
Un poco de tu paz,<br />
Saber cómo alcanzar<br />
Tu sabia ingenuidad<br />
<br />Y en coplas de color<br />
Vivir nuestra emoción,<br />
Bebiendo de ese fresco<br />
Néctar que llaman amor.</font></p>
<p align="center"><font color="#660033" size="2"><br />
<br /><strong>&nbsp;OTRO ENCUENTRO</strong><br />
<font size="1">(1987)</font><br />
<br />Surgió brillante cual nuevo día,<br />
Apareció por mi ventana.<br />
Me despojó de mis escudos,<br />
Desintegró todo recuerdo hasta el origen.<br />
El futuro dibujaba<br />
Con su línea de silencio<br />
Traspasando mi locura.<br />
<br />Le pregunté por las valijas,<br />
Me disparó mil rayos láser.<br />
Abrió el cofre de las pruebas,<br />
Corrió descalzo por los jardines adyacentes.<br />
Me cubrió con sus ungüentos<br />
Y nació una cruel galaxia<br />
De su boca, de su risa.<br />
<br />Cerró la puerta y detuvo el tiempo,<br />
La oscuridad fundó su reino.<br />
Un canto antiguo entonó un pájaro escondido,<br />
Viaje perpetuo desde la oreja hasta el codo.<br />
En columpio sin retorno<br />
Agitó entre sus corolas<br />
Desde abajo estableciendo.<br />
<br />Regué mi savia de primavera,<br />
Soltó un manojo de preguntas.<br />
Hundí mi lanza entre su encía,<br />
Goteó veneno de su sonrisa helada y curva.<br />
Luego cruzamos espadas,<br />
Sudorosos nos alzamos<br />
Estudiando mil maneras.<br />
<br />Brotó la noche desde su pelo,<br />
Flotó un aroma de madreselva.<br />
No fue preciso una contraseña ni licores,<br />
Retó al mundo, dejó la prisa para otra muerte.<br />
Se tragó todo el planeta,<br />
Desciframos las canciones<br />
En cilindros de colores.<br />
<br /><br />
&nbsp;<br />
<strong>VUELVO A CASA</strong><br />
<font size="1">(1988)</font><br />
<br />Hoy vuelvo a casa,<br />
Llego en plena primavera<br />
Con el sol.<br />
Hoy vuelvo a casa,<br />
Traigo esencia,<br />
Llevo aroma de jazmín.<br />
<br />Después de largo exilio<br />
Vuelvo con más ansias;<br />
Adiós tristeza<br />
Ya no tocarás mi puerta,<br />
Tengo un escudo de color.<br />
<br /><br />
Hoy vuelvo a casa<br />
Ahí me espera la quimera<br />
Del amor.<br />
Hoy vuelvo a casa<br />
Donde aguardan mis luceros,<br />
Mi arrebol.<br />
<br />Atrás quedaron<br />
Soledades y destierros;<br />
Yo sólo siembro<br />
Mil geranios y esperanzas,<br />
Traigo mi canto y una flor.<br />
<br /><br />
Vuelvo a mi hogar,<br />
A mi país;<br />
Premio central<br />
Pal’corazón;<br />
La risa en flor,<br />
Tanto calor.</font></p>
<p align="center"><font color="#660033" size="2"><br />
&nbsp;<br />
<strong>USTED SEÑORA</strong><br />
<font size="1">(1987)</font><br />
<br />Usted no sale de mi cabeza señora,<br />
Me ha contagiado una alegría colosal,<br />
Usted ha llenado de esperanza mi canto<br />
Soliviantando el corazón.<br />
<br />Usted no sale de mi cabeza señora,<br />
Me ha revelado esta terrible plenitud,<br />
Usted ha cubierto de ternura mi tiempo<br />
Iluminando la estación.<br />
<br /><em>Por más que trato no logro olvidarla,<br />
Mis pensamientos vuelven a nombrarla.<br />
Esta locura que ha desencadenado,<br />
Que algunos le llaman amor,<br />
Es una fuerza que ha revolucionado<br />
Todo el planeta y su jardín.</em><br />
<br />Usted no sale de mi cabeza señora,<br />
Me ha contagiado una alegría colosal,<br />
Usted ha llenado de esperanza mi canto<br />
Soliviantando el corazón.<br />
<br />Usted no sale de mi cabeza señora,<br />
Me ha revelado esta terrible plenitud,<br />
Usted ha cubierto de ternura mi tiempo<br />
Iluminando la estación.<br />
<br /><em>Usted ha llenado de esperanza mi canto<br />
Soliviantando el corazón.<br />
Usted ha cubierto de ternura mi tiempo<br />
Iluminando la estación.</em></font></p>
<p align="center"><font color="#660033" size="2"><em><br />
<br /><img alt="" src="/userFiles/ichasqui/Arrebol-Discface.jpg" border="0" height="350" width="350" /><br />
<br /><br />
<br /><font size="2">All rights reserved. © Fernando Osorio Zumarán.<br />
Illustrations: Fernando Osorio Zumarán.<br />
Listen to the songs at <a href="http://cdbaby.com/cd/ferna2">http://cdbaby.com/cd/ferna2</a></font><br />
<br /></em></font></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"><font color="#660033" size="2"><em><br />
</em></font></p>]]></description>
<link><![CDATA[http://www.blogtext.org/ichasqui/article/25984.html]]></link>
<author><![CDATA[freeblog@blogtext.org]]></author>
<pubDate><![CDATA[Sat, 06 Sep 2008 07:05:57 -0700]]></pubDate>
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</channel>
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